Donald Trump afirmó este jueves que considera probable que Irán esté implicado en un ataque de un piloto contra un vuelo de Flydubai con destino a Israel, y advirtió que Teherán será «golpeado muy duro» si se determina su responsabilidad.
«Estamos trabajando en ello ahora mismo», dijo Trump cuando periodistas en la Casa Blanca le preguntaron si Irán estaba implicado en el incidente del vuelo de Dubái a Tel Aviv. El mandatario añadió: «Oh, serán golpeados muy duro, no se preocupen».
La investigación sigue abierta. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita comenzaron indagaciones sobre lo ocurrido en la cabina, y Riad señaló que el copiloto fue trasladado a los Emiratos Árabes Unidos acompañado por un «equipo de seguridad emiratí». Arabia Saudita añadió que la pesquisa inicial muestra que atacó al capitán de la aeronave. El primer ministro israelí dijo que el hombre había sido sometido a un «adoctrinamiento islamista radical».
El episodio ocurrió mientras Estados Unidos reforzaba su dispositivo militar en la región. Axios informó que Washington desplegó recientemente sistemas adicionales de defensa antimisiles Patriot en Arabia Saudita y Catar para ayudar a proteger instalaciones energéticas clave de una posible represalia iraní. El medio estadounidense también informó que el portaaviones USS Theodore Roosevelt y su grupo de ataque se dirigían a Oriente Medio, donde podrían unirse a otros dos grupos de portaaviones estadounidenses ya presentes en la región.
Trump elevó de nuevo el tono sobre las negociaciones estancadas con Irán. Según declaraciones reproducidas por Time, consideró «posible» reanudar los bombardeos sobre Irán después de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos el próximo mes. También afirmó: «Al aniquilar a Irán, hemos creado paz en el mundo. Con Irán, no creo que jamás se pueda tener paz».
El contexto político interno tampoco ayuda a moderar la escalada. Los republicanos temen perder el control del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre, y la aprobación de Trump ronda los mínimos históricos debido a la guerra con Irán y al aumento del costo de vida impulsado por los altos precios del petróleo.
Irán, por su parte, asegura que mantiene el control sobre el estratégico estrecho de Ormuz más de siete meses después de los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel.
Conviene mirar los incentivos. Cuando la seguridad regional y la política interna se mezclan, la tentación de escalar crece y el margen para una salida diplomática se estrecha. El costo potencial recae sobre los contribuyentes estadounidenses, que financian el despliegue militar, y sobre una economía global sensible a la energía y a cualquier alteración del flujo por Ormuz.
La lógica de fuerza puede ser útil como disuasión, pero también puede alimentar una espiral difícil de controlar. Si Washington quiere preservar credibilidad, necesita precisión; si quiere evitar una factura mayor, necesita disciplina. El dato importa más que el ruido.

