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Trump eleva la presión militar de Estados Unidos sobre Irán y América Latina

El presidente estadounidense endureció su mensaje en la ONU y vinculó la defensa de los intereses de Washington con el uso del poder militar en el hemisferio occidental. A la vez, su gobierno amplió su presencia en el Ártico con un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia.
Imagen generada con IA
Estados Unidosmiércoles 23 de septiembre de 2026

Donald Trump usó su intervención ante la Asamblea General de la ONU para elevar el tono contra Irán y para trazar una línea dura sobre América Latina. Dijo que Teherán podría ser llevado «al infierno» si no alcanza un acuerdo y afirmó que Estados Unidos podría utilizar su poderío militar en la región para defender sus intereses.

El presidente estadounidense planteó el conflicto con Irán como una decisión pendiente. «Tengo que tomar una decisión importante: ¿Se llegará a un acuerdo con Irán?», dijo. Luego añadió: «¿los arrastro al infierno sin posibilidad de supervivencia?». Según Trump, funcionarios de Estados Unidos y de Irán sostuvieron una reunión de tres horas en la sede de la ONU, que describió como «muy buena», y aseguró que habrá otra «en un futuro muy cercano».

Trump también sostuvo que Teherán estaría esperando los resultados de las elecciones de mitad de mandato para definir su posición. «Están esperando a ver qué tal me va en las elecciones de mitad de mandato. Lo que no se dan cuenta es que yo no me presento», advirtió.

La parte más sensible de su mensaje llegó cuando trasladó esa lógica al hemisferio occidental. «Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América ganen terreno en ningún lugar del hemisferio occidental. Y, de ser necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual», dijo. Añadió que las acciones de su administración en Venezuela eran «prueba de ello».

En esa misma intervención, Trump volvió a cargar contra los cárteles del narcotráfico. Dijo que sus integrantes «deberían ser ejecutados, exiliados o detenidos». La frase subraya una visión de seguridad centrada en la coerción y en el poder del Estado, más que en la diplomacia o la disuasión blanda.

La advertencia se produjo mientras Estados Unidos mantiene una mayor presencia militar en la región. Trump se reunió en Nueva York con gobiernos aliados del llamado Escudo de las Américas, una alianza regional creada para combatir el narcotráfico. Perú y Colombia se incorporaron recientemente a esa coalición. En ese encuentro estuvo la mandataria peruana, Keiko Fujimori, quien dijo: «El crimen al que nos enfrentamos no respeta fronteras, así que estamos muy felices de unirnos a esta coalición».

El presidente también señaló a Cuba como otro eje de su política regional. «El comunismo nunca llegará a Estados Unidos, pero la libertad llegará a Cuba», había dicho ante la Asamblea General. La respuesta vino del gobierno cubano: Bruno Rodríguez escribió en X que «el gobierno de EEUU resulta incapaz de aceptar que Cuba es, y tiene derecho a ser, un país plenamente independiente y soberano».

En paralelo, Trump defendió las acciones militares de su administración y destacó el acuerdo alcanzado con Dinamarca y Groenlandia para ampliar la presencia estadounidense en el Ártico. Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia firmaron un acuerdo de seguridad que permitirá ampliar la presencia militar estadounidense en el territorio ártico, con dos bases militares previstas.

También se cruzó con la agenda global sobre inteligencia artificial. António Guterres pidió cooperación entre Estados Unidos y China frente a los retos de la IA, mientras Trump rechazó «cualquier intento de construir un proyecto globalista para controlar la inteligencia artificial» y dijo que Estados Unidos pasará a definirla como «superinteligencia».

La lectura política es clara: Trump vuelve a privilegiar la fuerza, la amenaza y la capacidad de coerción como instrumentos centrales de la política exterior. Conviene mirar los incentivos. Cuando Washington normaliza el lenguaje militar para América Latina, eleva el costo del desacuerdo y reduce el espacio de la diplomacia.

Para la región, eso puede significar más presión sobre gobiernos débiles y más dependencia de la arquitectura de seguridad de Estados Unidos. Para el contribuyente estadounidense, implica sostener una postura exterior más agresiva en varios frentes a la vez: Irán, el Caribe, el Ártico y la inteligencia artificial. El dato importa más que el ruido: la hegemonía se ejerce con recursos, bases y alianzas, no solo con discursos.

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