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Oriente Medio y África

Trump e Irán se contradicen sobre el Estrecho de Ormuz mientras los bombardeos escalan por tercera vez en una semana

Washington insiste en que la vía marítima permanece abierta; Teherán la declara cerrada «hasta nuevo aviso» y lanza drones y misiles contra cinco aliados árabes de Estados Unidos. Por donde transitaba cerca de una quinta parte del petróleo mundial, el tráfico prácticamente desapareció este domingo.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricadomingo 12 de julio de 2026

Estados Unidos atacó a Irán por tercera vez en una semana, según informó el Comando Central (CENTCOM), que precisó que los bombardeos buscaban reducir la capacidad de Teherán para atacar embarcaciones comerciales. El detonante inmediato fue el impacto de fuerzas iraníes sobre un buque portacontenedores con bandera de Chipre.

En respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) lanzó drones y misiles contra al menos cinco países: Kuwait, Jordania, Qatar, Baréin y, según la agencia Fars, la Base Aérea Al Udeid. Jordania confirmó haber recibido tres misiles balísticos dirigidos contra la Base Aérea Príncipe Hassan. Qatar reportó tres heridos por escombros tras la interceptación de proyectiles. Hasta el momento no se informaron víctimas fatales.

El punto de mayor tensión es el Estrecho de Ormuz. Irán declaró que permanecerá cerrado «hasta nuevo aviso» y la IRGC anunció que no permitirá el tránsito de embarcaciones mientras persista la «interferencia extranjera». El presidente Donald Trump, en entrevista con Meet the Press de NBC, sostuvo que el estrecho seguía abierto. El CENTCOM respaldó esa posición y aseguró que las fuerzas estadounidenses están preparadas para garantizar la libertad de navegación. El Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC) indicó que la ruta sur del estrecho aún era transitables, pero advirtió que la amenaza para la seguridad marítima «sigue siendo grave».

La contradicción entre las declaraciones de ambas partes no es un detalle menor: este domingo prácticamente no se observó tráfico marítimo en el estrecho, por donde anteriormente transitaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo.

Medias iraníes reportaron explosiones en Bushehr, Asalouyeh, Bandar Abbas, Bandar-e Dayyer y la zona de Sirik, todos centros energéticos, petroquímicos o portuarios de la costa sur iraní. En la provincia de Kerman, una torre de comunicaciones fue alcanzada y dos personas resultaron heridas, según la agencia Mehr.

«Irán tomó una mala decisión. Ahora pagará las consecuencias», escribió en redes sociales el secretario de Defensa Pete Hegseth. El viernes 10 de julio, Trump había amenazado con lanzar «1 mil misiles» si Irán cumplía su amenaza de asesinarlo. Washington exigió además que Teherán declare públicamente que todas las rutas del estrecho permanecen abiertas y garantice que no atacará embarcaciones civiles.

La escalada complica el panorama negociador. Antes de este nuevo ciclo de ataques, ambas partes habían dejado entrever margen para el diálogo sobre el programa nuclear iraní y el conflicto iniciado por Washington e Israel a finales de febrero. Ese margen, por ahora, luce considerablemente más estrecho.

Conviene mirar los incentivos. El estrecho no es solo un corredor de tránsito: es la palanca de presión más tangible que Teherán conserva sobre la economía global. Cerrarlo —o incluso mantener la ambigüedad sobre su estado— eleva el precio del riesgo para cualquier aseguradora, armador o comprador de energía que deba calcular si el paso es seguro. El dato importa más que el ruido retórico: con tráfico marítimo prácticamente detenido este domingo, los mercados energéticos enfrentan una señal que ningún comunicado oficial puede neutralizar por sí solo. La historia sugiere cautela ante la idea de que la disuasión militar, por sí sola, restaura la confianza en rutas que el comercio internacional da por descontadas.

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