El presidente Donald Trump declaró este viernes que el alto el fuego acordado con Irán el 8 de abril ha llegado a su fin, aunque confirmó que Washington aceptó reanudar las conversaciones a petición de Teherán. «Irán nos ha pedido que continuemos las 'conversaciones'. Hemos aceptado hacerlo, pero Estados Unidos les ha comunicado, sin lugar a dudas, que el alto el fuego SE HA TERMINADO», escribió Trump en su plataforma Truth Social.
La tregua original puso fin a varias semanas de guerra que comenzaron tras el ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero. Su vigencia ya venía erosionada por una serie de enfrentamientos de menor intensidad entre ambas partes en los meses siguientes.
Trump también acusó a Teherán de tergiversar de manera reiterada los términos del protocolo de entendimiento firmado el 17 de junio, que había refrendado el alto el fuego. La postura del mandatario no es nueva: durante la cumbre de la OTAN celebrada esta semana en Ankara, ya había anticipado que consideraba la tregua de abril concluida, y calificó a los funcionarios iraníes de «basura» y «gente enferma».
En Ankara, Trump señaló además que consultaría con su enviado especial, el empresario Steve Witkoff, y con su yerno Jared Kushner, quienes han encabezado los contactos con las autoridades iraníes. Dejó claro, sin embargo, que cualquier avance dependerá de que Teherán decida volver a la mesa de negociación.
Mientras se producían esas declaraciones, la situación sobre el terreno continuó deteriorándose. Irán lanzó ataques contra embarcaciones comerciales, y Estados Unidos respondió con bombardeos. Teherán atacó posteriormente activos estadounidenses en varios países de Oriente Medio mediante drones y misiles. El estrecho de Ormuz volvió a verse afectado tras los ataques registrados el martes contra tres buques, episodio que marcó un nuevo escalón en las hostilidades. Informes publicados el jueves señalaron ataques aéreos contra las provincias iraníes de Bushehr, Sistán y Baluchistán, además de la ciudad de Shiraz, aunque sin confirmación oficial sobre su autoría.
La combinación de hostilidades activas y retórica de ruptura impulsó un alza cercana al 5% en el precio del petróleo durante la semana. A ello se suman las nuevas acusaciones sobre un supuesto plan contra Trump, que han contribuido a elevar aún más la tensión.
Conviene mirar los incentivos. La postura de Washington —declarar muerto el alto el fuego pero mantener abierto el canal diplomático— es una táctica de presión clásica: negociar desde una posición de fuerza sin cerrar la salida política. Trump delega la gestión táctica en Witkoff y Kushner, pero reserva para sí la señal estratégica. El problema es que esa ambigüedad calculada tiene un costo inmediato y concreto: el estrecho de Ormuz concentra una fracción decisiva del tráfico energético global, y cada episodio de tensión se traslada directamente al bolsillo de consumidores y empresas en todo el mundo.
El dato importa más que el ruido. La historia sugiere cautela: las rondas de conversaciones con Irán han producido más protocolos que resultados verificables. Lo que determina si esta vez es diferente no es el tono de Trump en Truth Social, sino si Teherán calcula que el costo de seguir escalando supera el de ceder en la mesa. Por ahora, los mercados energéticos ya están respondiendo como si la respuesta fuera negativa.

