Donald Trump afirmó que espera que el fin de la guerra con Irán «esté cerca» e insistió en que Teherán «quiere lograr un acuerdo», en medio del estancamiento de las conversaciones mediadas por Pakistán para poner fin al conflicto abierto en febrero por la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el país asiático.
«Ojalá estemos cerca del final de la guerra», señaló Trump ante la prensa. Añadió: «Quieren llegar a un acuerdo; ya veremos cómo sale. Irán tiene muchas ganas de llegar a un acuerdo». Lo dijo pese a las reiteradas negativas de Teherán a aceptar un pacto si no se admiten sus términos y lo pactado en el memorando de entendimiento de junio.
El presidente estadounidense no se pronunció sobre las informaciones del portal Axios acerca de una posible reunión la semana que viene con líderes de países del golfo Pérsico, en los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas. Esa cita, según Axios, sería para abordar el conflicto y la etapa posterior a la guerra.
Trump había dicho la semana pasada que la guerra en Irán acabaría «justo después» de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre. Su vicepresidente, JD Vance, indicó el martes que el conflicto «entrará en una fase muy diferente dentro de un par de meses», en referencia a las midterms.
Pese a ese discurso, las conversaciones entre Irán y Estados Unidos llevan semanas sin registrar avances. Persisten las denuncias cruzadas por incumplimientos del memorando de entendimiento firmado en junio en Pakistán, además de intercambios puntuales de ataques. Las tensiones en torno a la navegación al estrecho de Ormuz siguen presentes y con impacto sobre la economía mundial.
Conviene mirar los incentivos. Washington habla de una salida cercana, pero el dato verificable es que la negociación sigue trabada y que el conflicto ya se ha filtrado al comercio y a la navegación. Cuando la diplomacia no produce resultados, el costo se desplaza hacia terceros: el tráfico marítimo, la economía mundial y, en última instancia, el dinero de quienes terminan pagando la factura del desorden.
La historia sugiere cautela. En este tipo de crisis, la retórica suele avanzar más rápido que los acuerdos reales. Lo que importa no es la frase más optimista, sino si las capitales involucradas aceptan compromisos claros y sostenibles. Sin reglas estables, no hay seguridad para el comercio ni equilibrio para el orden internacional.


