El presidente Donald Trump anunció el sábado por la noche que cancelaba un ataque militar de gran escala contra Irán después de que Teherán y otros gobiernos de la región acordaran los «perímetros» de un posible acuerdo de paz. La decisión, publicada en su plataforma Truth Social, llegó un día después de que medios estadounidenses reportaran que Washington e Israel evaluaban golpear la infraestructura energética iraní.
«Los EE.UU. están listos y preparados para actuar contra la República Islámica de Irán, a niveles de terror militar, fuerza y poder no vistos desde la Segunda Guerra Mundial», escribió Trump, antes de explicar que optaba por suspender el ataque a condición de que las partes pudieran «rápidamente alcanzar un acuerdo».
Según el mandatario, el marco acordado contempla la «apertura inmediata, completa y total del Estrecho de Ormuz» y el fin de la amenaza nuclear de Irán. Trump añadió que «el país de Israel se une a este compromiso».
El anuncio se produce tras una marcada escalada en el conflicto de cinco meses. A principios de semana, Irán lanzó misiles balísticos contra fuerzas estadounidenses en Jordania; la defensa aérea los interceptó y, en respuesta, fuerzas norteamericanas y sauditas ejecutaron ataques sobre objetivos de milicias respaldadas por Teherán en Irak, mientras aviones de guerra estadounidenses reanudaban operaciones dentro de Irán.
Esa espiral siguió al colapso, el mes pasado, de un memorándum de entendimiento suscrito en junio entre Washington y Teherán, después de que Irán atacara el tráfico comercial en el Estrecho de Ormuz y sus alrededores. La administración Trump había establecido como condición para cualquier negociación renovada que Irán cesara los ataques contra fuerzas estadounidenses, la navegación comercial y los aliados del Golfo.
Teherán no respondió de inmediato a la declaración de Trump. Horas antes, el canciller iraní Abbas Araghchi había advertido a su homólogo saudita que cualquier ataque de EE.UU. o Israel recibiría una «respuesta proporcional». El sitio Axios reportó, citando una fuente familiarizada con el asunto, que el príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman llamó a Trump el sábado para pedirle que cancelara los strikes y regresara a la mesa de negociaciones.
El Departamento de Estado emitió alertas de seguridad para ciudadanos estadounidenses en diez países de la región, instándolos a extremar precauciones y a considerar abandonar sus destinos ante la escalada de tensiones.
Conviene mirar los incentivos. Para Riad, Doha y Abu Dabi, la amenaza iraní de represalias sobre sus instalaciones petroleras representaba un riesgo existencial para economías que dependen de la exportación de hidrocarburos. La presión del Golfo sobre Washington fue, según las fuentes disponibles, determinante para que Trump pausara la acción militar. El libre flujo del Estrecho de Ormuz —por donde transita una porción sustancial del petróleo mundial— es precisamente el tipo de bien público global cuya protección justifica el músculo disuasorio que Trump desplegó en su comunicado.
El dato importa más que el ruido. Lo que está sobre la mesa no es aún un tratado, sino un «perímetro»: un esquema pendiente de negociación detallada. La historia de las conversaciones con Teherán sugiere cautela: el memorándum de junio se derrumbó en semanas. La solidez de este nuevo marco dependerá de si Irán acepta condiciones verificables sobre su programa nuclear y de si las partes pueden traducir el gesto del sábado en compromisos concretos antes de que la coyuntura vuelva a deteriorarse.

