El presidente Donald Trump advirtió que golpeará «duro» a Irán después de que la república islámica lanzara misiles contra bases militares estadounidenses en Jordania. «Les vamos a pegar duro. Van a recibir una paliza», dijo el mandatario según un corresponsal de Fox News que habló directamente con él. La declaración disipó cualquier expectativa de que el cese de hostilidades del fin de semana pudiera abrir paso a negociaciones.
El teatro de operaciones se amplió con rapidez. Arabia Saudita y Estados Unidos anunciaron bombardeos contra grupos armados en Irak, luego de que las autoridades sauditas reportaran durante dos días ataques de drones contra sus instalaciones petroleras. El ejército estadounidense precisó que la acción en Irak apuntó a sitios logísticos y armamentísticos de un grupo alineado con Teherán, y Trump afirmó que la ofensiva estuvo coordinada con Bagdad.
La presidencia iraquí, sin embargo, rechazó los bombardeos como «un ataque inaceptable y una flagrante violación de la soberanía». La alianza de milicias Hashed al Shaabi —también conocida como Frente de Movilización Popular— reportó 20 muertos entre sus integrantes, incluidos cinco asesores iraníes según dos altos mandos del grupo, y denunció una «peligrosa escalada» contra lo que describió como «una institución oficial de seguridad». El Hashed fue creado en 2014 para combatir a grupos yihadistas y fue formalmente integrado a las fuerzas armadas iraquíes, aunque incluye brigadas que actúan de forma unilateral.
Desde Teherán, los Guardianes de la Revolución advirtieron que «mientras continúen las amenazas contra la República Islámica de Irán, continuará la resistencia». La prensa iraní reportó además bombardeos estadounidenses contra una ciudad en el noroeste del país.
Los mercados reaccionaron de inmediato: los precios del crudo subieron más del 5% durante la jornada por el temor a interrupciones en el suministro mundial, para luego moderar el alza a cerca de un 4,6%.
Hesham Alghannam, analista e investigador de seguridad saudita, declaró a la AFP que Irán está «utilizando ahora su red de grupos afines para mantener su influencia mientras la vía diplomática acapara la atención internacional». «La guerra indirecta es la continuación de la guerra directa por otros medios, y se está llevando a cabo con una coherencia estratégica considerable», sostuvo.
Irak ilustra la paradoja estructural del conflicto: Bagdad mantiene a Washington y a Teherán como sus principales aliados, pero la enemistad entre ambas potencias lo ha convertido en campo de batalla indirecta desde hace años.
Conviene mirar los incentivos. La estrategia de Teherán —presionar a través de proxies mientras preserva cierto margen de negociación diplomática— tiene un costo real que recae sobre terceros: instalaciones petroleras sauditas, soberanía iraquí y, en última instancia, el precio de la energía que pagan consumidores y empresas en todo el mundo. La firmeza de la respuesta estadounidense no es retórica vacía; es la variable que determina si esa estrategia de guerra indirecta resulta rentable para Irán o demasiado costosa para sostener. El dato importa más que el ruido: cada escalada no respondida eleva el umbral de lo tolerable y amplía el perímetro de inestabilidad.

