Donald Trump aseguró que Venezuela podría celebrar elecciones, aunque remarcó que todavía es «demasiado pronto» para hacerlo.
En una entrevista con Time Magazine publicada este jueves, el presidente de Estados Unidos dijo: «Podrían celebrar elecciones. Aunque creo que aún está demasiado verde». Añadió que hablaría «con ella» —en referencia a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez— sobre ese asunto, pero insistió en que «ahora mismo es un tema muy delicado, creo que es demasiado pronto».
Las declaraciones llegan después del encuentro entre Trump y Rodríguez en Nueva York, con motivo de la Asamblea General de la ONU, el martes 22 de septiembre. Según la información difundida, fue la primera vez que ambos se veían tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero.
Días después de esa cita, Trump reconoció que había hablado con ella sobre elecciones, aunque no dio más detalles.
En la misma entrevista, el presidente de EU reconoció la buena relación con el gobierno de Rodríguez: dijo que «trabajamos bien juntos» y destacó la cooperación en materia petrolera. Trump afirmó: «Estamos extrayendo una enorme cantidad de petróleo. Pronto llenaremos nuestras reservas nacionales, las reservas estratégicas nacionales».
También sostuvo que «estamos ganando mucho dinero, pero Venezuela también está ganando mucho dinero, y tenemos el control total de todas ellas».
El dato importa más que el ruido: Washington no habla aquí solo de urnas, sino de poder, petróleo y capacidad de decisión. Cuando un gobierno admite que «trabaja bien» con Caracas y que el dinero fluye para ambos lados, el debate deja de ser retórico y se convierte en una discusión sobre incentivos.
Conviene mirar los incentivos. Si Trump abre una vía para elecciones, lo hace en un momento en que la relación bilateral parece atravesada por la energía y por el control de una negociación delicada. Para Venezuela, cualquier proceso electoral depende menos de los anuncios que de las condiciones reales en que se permitan competir fuerzas rivales. Para Estados Unidos, el cálculo parece mezclar política exterior y beneficio económico, una combinación que puede producir resultados, pero que también exige claridad sobre qué se está buscando exactamente.
La historia sugiere cautela. Las democracias no se consolidan por declaraciones, sino por reglas previsibles, competencia efectiva y respeto a los resultados. Si la administración estadounidense quiere que el proceso venezolano avance, tendrá que demostrar que el interés por el petróleo no desplaza el interés por instituciones creíbles. Si no, el riesgo es que una promesa de comicios termine siendo solo otra pieza en un orden internacional donde la fuerza pesa más que la libertad política.

