El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó este jueves la decimotercera noche consecutiva de bombardeos contra objetivos militares iraníes. Según el comunicado difundido por el propio CENTCOM en la red social X, las operaciones comenzaron «a las 18:45, hora del este» y apuntaron a «infraestructuras militares iraníes en la región del Golfo Pérsico», incluyendo centros de mando, depósitos de drones, sistemas de comunicación, puestos de vigilancia costera y capacidades marítimas.
El objetivo declarado es doble: responsabilizar a Irán por las amenazas a la navegación comercial y reducir la capacidad operativa de la Guardia Revolucionaria Islámica. El CENTCOM subrayó que el estrecho de Ormuz «permanece abierto al tránsito» y que los buques comerciales «continúan navegando libremente» con respaldo militar estadounidense. Más de 50.000 militares de ese país están desplegados actualmente en Oriente Medio, según datos oficiales citados por Reuters.
La escalada no se limita al Golfo Pérsico. Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Teherán, anunciaron un bloqueo de los puertos de Arabia Saudita y reivindicaron ataques con misiles y drones contra los petroleros Encelia y Layla. La consultora Kpler registró una caída en el tráfico por el estrecho de Bab el Mandeb: 18 buques cruzaron esa vía frente a los 26 del día anterior. El precio del crudo Brent superó de nuevo los 100 dólares por barril ante el temor de interrupciones en el transporte marítimo.
Desde Teherán, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, calificó la actuación de Washington como «irracional» y «dominante». Medios estatales iraníes informaron que un ataque dejó dos muertos en Shalamcheh, cerca de la frontera con Irak, y que misiles impactaron en Bushehr —donde se encuentra la única central nuclear civil del país— y en cercanías de la isla de Qeshm. Los Guardianes de la Revolución afirmaron, por su parte, haber impedido el paso de tres petroleros por el estrecho de Ormuz.
El conflicto se extendió además a terceros países. Jordania y Kuwait informaron haber interceptado proyectiles, mientras Irán aseguró haber atacado objetivos militares estadounidenses en ambos territorios. Kuwait confirmó que un puesto fronterizo con Irak fue alcanzado por drones, aunque sin víctimas reportadas, y activó sus sistemas de defensa aérea ante lo que describió como «agresión injustificada de Irán».
El presidente Donald Trump advirtió que responderá con un «gran castigo militar» ante nuevos ataques contra embarcaciones o intereses estadounidenses, y señaló que utilizará activos iraníes congelados bajo control de Washington para cubrir «cualquier daño causado a barcos, cargamentos o cualquier cosa relacionada». Omán informó que mantiene gestiones diplomáticas para reactivar conversaciones entre Arabia Saudita y los hutíes. El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó ante el Consejo de Seguridad: «La situación en Oriente Medio está fuera de control».
Conviene mirar los incentivos. La campaña estadounidense defiende un principio que el libre mercado global no puede dar por sentado: la libertad de navegación comercial. Cada barril de crudo que sube de precio y cada buque que desvía su ruta representan un impuesto invisible sobre consumidores y empresas que nada tienen que ver con las decisiones de Teherán. La firmeza de Washington frente a la Guardia Revolucionaria protege ese bien público internacional; la pregunta que los mercados ya están formulando es cuánto tiempo puede sostenerse la presión antes de que alguna de las partes cometa un error de cálculo que amplíe el conflicto más allá del Golfo. El dato importa más que el ruido: trece noches de ataques y el estrecho sigue abierto. Eso, por ahora, es el resultado que cuenta.

