Una alerta de tormenta eléctrica privó a la selección española de su último entrenamiento antes de la final del Mundial, que se disputará este domingo en el MetLife de Nueva York frente a Argentina.
La sesión estaba programada para las 11 horas locales en las instalaciones del Melanie Lane Training Ground de New Jersey, pertenecientes al Red Bull New York. En un primer momento se contempló un retraso de 30 minutos, pero la tormenta continuó y la práctica fue cancelada por completo.
La Real Federación Española de Fútbol lo confirmó en un comunicado: «El entrenamiento de la selección española sobre los campos de las instalaciones de Melanie Lane Training Ground de New Jersey se ha suspendido siguiendo el Protocolo de seguridad sobre tormentas de Estados Unidos. Los jugadores están teniendo una sesión de activación en las instalaciones interiores».
No es la primera vez que España enfrenta este tipo de contratiempo en el torneo. Ya en Chattanooga debió lidiar con una situación similar durante la fase de grupos.
El contraste con Argentina resultó llamativo. La Albiceleste entrenó sin mayores complicaciones en el Red Bull Performance Center, a apenas siete kilómetros de donde se encontraba el combinado español. La diferencia fue de media hora: mientras España tenía previsto comenzar a las 11 horas, Argentina inició su sesión a las 12 horas, justo cuando se abrió una ventana meteorológica que se extendió hasta la 13 horas.
Según informó el diario Mundo Deportivo, citado por La Tercera, la delegación española evaluó la posibilidad de retrasar una hora su entrenamiento para aprovechar esa misma ventana, pero descartó la opción para no alterar el resto de las rutinas del día. Argentina, en cambio, aguantó la media hora necesaria y pudo ejercitarse con normalidad.
El dato importa más que el ruido. Una diferencia de 30 minutos en el horario de convocatoria marcó la distancia entre una preparación completa y una sesión reducida a activación interior, en la víspera del partido más importante del torneo. Los protocolos de seguridad vigentes en Estados Unidos no admiten excepciones, y la gestión del calendario terminó siendo tan determinante como cualquier táctica de campo.
Conviene mirar los incentivos: la rigidez burocrática de los protocolos —necesaria en términos de seguridad— no distingue entre un partido amistoso y una final de Copa del Mundo. Que Argentina haya podido entrenar con normalidad no refleja ninguna ventaja irregular, sino simplemente una mejor lectura del parte meteorológico. En el deporte de alto rendimiento, como en los mercados, los pequeños márgenes de decisión suelen tener consecuencias desproporcionadas.

