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Thomas Randolph, el largo rastro de seis bodas y tres muertes que acabó en prisión

La condena del llamado «viudo negro» cerró un caso que durante años combinó relatos de defensa propia, pólizas de seguro y muertes en torno a sus matrimonios. El expediente deja una lección incómoda: cuando falla la investigación inicial, el costo puede ser una década de dudas.
Estados Unidoslunes 5 de octubre de 2026

Thomas Randolph tiene 71 años y fue condenado a un mínimo de sesenta años de prisión por el asesinato de Sharon, su sexta y última esposa, y por el asesinato de Michael James Miller, el hombre al que había instigado para que le disparara a Sharon. El caso se convirtió en uno de los más notorios de Estados Unidos por la combinación de muerte, matrimonio y una larga disputa sobre la versión de los hechos.

La noche del 8 de mayo de 2008, Randolph llamó al 911 a las 20.44. Dijo que le habían disparado a su esposa, que estaba tirada en el piso y que quizá estaba muerta. Sostuvo que un hombre encapuchado había irrumpido en la casa, que él había tomado su pistola y que lo había perseguido y disparado en defensa propia. Su relato fue repetido después ante abogados y tribunales.

Pero varios elementos no encajaron. Dean O’Kelley, detective a cargo de la investigación, observó que la posición de los casquillos no coincidía con la historia de Randolph. También señaló que el pasamontañas de Miller estaba intacto, sin agujeros de bala ni sangre, lo que contradijo la versión de que lo había llevado puesto al recibir los disparos. Mark Bartlett, vecino de la pareja, declaró que los disparos se habían escuchado a las 20.33, once minutos antes de la llamada al 911.

Ese margen temporal fue importante. Según la investigación, Randolph tardó demasiado en pedir ayuda y además desatendió las instrucciones sobre reanimación que le daban desde el 911. O’Kelley terminó convencido de que la reconstrucción ofrecida por el viudo no era la verdadera historia.

Al revisar el pasado de Randolph, la policía encontró un patrón inquietante. Antes de Sharon, se había casado con otras cinco mujeres. De sus seis esposas, solo dos están vivas. Tres murieron durante los años que compartieron con él y otra murió de cáncer años después de separarse. Entre las muertas, una falleció en un presunto caso de mala praxis, otra supuestamente se suicidó y Sharon, según la acusación, había sido atacada por Miller hasta que la Justicia demostró que detrás del ataque estaba Randolph.

Kathryn, su primera esposa y una de las sobrevivientes, declaró que Randolph era «un hombre profundamente abusivo, controlador y manipulador». También dijo que él había contratado un seguro de vida sobre ella sin su consentimiento. Según la investigación, el patrón se repetía: presión psicológica constante, presencia de armas de fuego en la casa e imposición de pólizas millonarias en las que él era el único beneficiario.

La segunda esposa fue Becky Gault. Se casaron en 1983 y vivieron en Utah. Becky contó a familiares que Randolph la sometía psicológicamente y que temía por su vida. Días después de decir que había decidido abandonarlo, apareció muerta en su cama con un disparo en la cabeza y una nota de despedida. Aunque se estableció que había sido un suicidio, la investigación determinó que la posición de la mano y del arma eran incompatibles con esa versión.

El caso ganó nueva exposición con el documental El viudo: hasta que la muerte nos separe, estrenado en Netflix, donde aparecen testimonios de las dos sobrevivientes y de familiares de las esposas muertas. Conviene mirar los incentivos: cuando una vida familiar se cruza con seguros, armas y dudas forenses, el Estado tiene la obligación de mirar más allá del relato inicial.

También importa el costo institucional. Durante años, una versión de defensa propia consiguió imponerse sobre señales que pedían una indagación más dura. La historia sugiere cautela: sin una investigación rigurosa, la justicia puede llegar tarde y la verdad quedar enterrada bajo un buen libreto.

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