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Terremoto en el Chocó: el municipio del epicentro clama por maquinaria, agua y alimentos con vías bloqueadas

San José del Palmar, de unos 6.000 habitantes, quedó prácticamente incomunicado tras el sismo; su alcalde denuncia el abandono histórico del Estado hacia una región que ni siquiera puede llegar a su propia capital departamental sin salir del Chocó.
Imagen ilustrativa
Las Américasjueves 13 de agosto de 2026

El alcalde de San José del Palmar, León Fabio Marín Moncada, describió el miércoles una situación de emergencia aguda en el municipio que fue epicentro del terremoto que sacudió a Colombia: vías taponadas por derrumbes, acueducto fuera de servicio, viviendas rurales destruidas en su totalidad y comunicaciones que funcionan, según sus palabras, «por raticos».

El municipio, ubicado en el sureste del departamento del Chocó sobre el límite con Valle del Cauca y Risaralda, cuenta con unos 6.000 habitantes y está rodeado de bosques de niebla y áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Tatamá y la Serranía de Los Paraguas. Su posición geográfica lo convierte en uno de los territorios de más difícil acceso del país: para llegar a Quibdó, capital departamental, los habitantes deben salir primero a Cartago, en Valle del Cauca, pasar por Pereira, en Risaralda, y regresar al Chocó por Pueblo Rico y Apía.

Marín Moncada detalló en entrevista con France 24 en Español que el municipio dispone de una sola máquina —una retroexcavadora sencilla, llamada localmente «pajarita»— para despejar los caminos bloqueados. Con ese único recurso, múltiples veredas permanecen totalmente incomunicadas. El alcalde hizo un llamado directo al Gobierno Nacional para que envíe maquinaria amarilla, alimentos no perecederos, agua potable y carpas para las comunidades rurales cuyas viviendas fueron destruidas.

«El desabastecimiento de comida ya se está sintiendo, porque no tenemos por dónde ingresar la comida a nuestro municipio», advirtió. Además, reportó personas desaparecidas en la vereda de Suramita, zona con alta concentración de derrumbes y movimientos de masa, aunque precisó que no ha podido verificar esos reportes por la intermitencia de las comunicaciones.

El sismo también golpeó la economía campesina local. Marín Moncada mencionó la pérdida del chontaduro, producto que los agricultores cosechan los domingos y lunes para vender en Cartago, Cali y Medellín. Con las carreteras bloqueadas, esa producción no pudo salir y el daño económico ya se hace sentir.

El alcalde describió el momento del terremoto con crudeza: adultos, niños y adultos mayores en estado de shock en las calles, padres buscando a sus hijos, con la población infantil concentrada en la institución educativa y el hogar infantil al momento del sismo.

Más allá de la emergencia inmediata, Marín Moncada planteó un reclamo de fondo: «Desafortunadamente nos hemos sentido abandonados, y no solamente en este momento. Es duro decirlo, pero en el transcurrir de la vida el Chocó se ha sentido abandonado». Su mensaje al Gobierno Nacional fue directo: «San José del Palmar también es Colombia».

El dato importa más que el ruido. Lo que expone esta emergencia no es solo la magnitud de un sismo, sino la fragilidad estructural de territorios que el aparato estatal ha dejado históricamente sin infraestructura básica. Un municipio de 6.000 personas que no puede llegar a su propia capital departamental sin atravesar dos departamentos ajenos es, antes que una tragedia natural, el resultado de décadas de ausencia institucional. Conviene mirar los incentivos: cuando el Estado central concentra recursos y decisiones pero no garantiza conectividad ni servicios en la periferia, la primera víctima de cualquier emergencia no es la naturaleza sino la capacidad de respuesta. La pregunta que el gobierno de Petro deberá responder en los próximos días no es retórica: ¿llegará la maquinaria antes de que el desabastecimiento se convierta en crisis humanitaria?

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