El tifón Surigae se intensificó este domingo en su avance hacia la prefectura de Okinawa, en el suroeste de Japón, según la Agencia Meteorológica de Japón (JMA). El organismo dijo que el sistema alcanzó la categoría de tifón y se encontraba a unos 150 kilómetros al sur de la ciudad de Naha.
La JMA informó que Surigae llevaba vientos sostenidos de hasta 144 kilómetros por hora (km/h) y prevé que siga fortaleciéndose a lo largo de la jornada hasta llegar a unos 162 km/h. También advirtió que podría debilitarse el lunes.
En un comunicado, la agencia dijo que «se prevé que el tifón número 26 se aproxime a la región de Okinawa con gran fuerza el día 29». Añadió un llamado a los residentes de las islas para mantenerse en alerta ante el fuerte oleaje, posibles deslizamientos de tierra e inundaciones.
La amenaza no se limita a Okinawa. La JMA emitió este domingo una alerta por fuertes lluvias y posibles corrimientos de tierra, de nivel 4 sobre el máximo de 5, en partes de la isla suroccidental de Kyushu.
Surigae podría afectar a las islas principales en los próximos días, tras pasar de largo de Okinawa. El episodio llega casi una semana después de que el tifón Dujuan causara doce muertos en el centro del archipiélago. Además, cuatro personas continúan desaparecidas, según los últimos balances de las autoridades locales de las prefecturas de Chiba y Kanagawa, recopilados por la cadena pública NHK.
Japón convive cada año con estos episodios durante la temporada estival y otoñal. Las aguas cálidas del océano Pacífico propician la formación de ciclones que, en ocasiones, provocan daños significativos e interrupciones en el transporte y las actividades económicas.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una tormenta de esta magnitud se aproxima, la respuesta más valiosa es la prevención temprana, la información clara y la protección de las rutas críticas. El costo de no hacerlo rara vez se ve de inmediato, pero siempre termina apareciendo en vidas perdidas, infraestructura dañada y actividad interrumpida.
La historia sugiere cautela. El dato importa más que el ruido: vientos de 144 kilómetros por hora, la posibilidad de 162 km/h y una alerta de nivel 4 bastan para recordar que la seguridad no es un lujo administrativo. Es una función básica del orden público, y también una prueba de la capacidad institucional para anticiparse antes de que el daño obligue a actuar.

