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Sudán, la visa retenida y la disputa por un alto el fuego que exhibe la pelea por influencia

Washington retuvo la visa de Burhan para asistir a la Asamblea General de la ONU, en medio de una disputa por una tregua humanitaria de 90 días. El caso revela una guerra devastadora y una pugna regional por peso estratégico.
Internacionalmartes 29 de septiembre de 2026

UNITED NATIONS — La administración Trump retuvo la visa de Gen. Abdel Fattah al-Burhan para asistir a la Asamblea General de la ONU, en medio de una disputa por una propuesta de tregua humanitaria de 90 días. Burhan, jefe de las Fuerzas Armadas de Sudán y líder de facto, debía viajar a Nueva York durante la Asamblea General, según las fuentes.

Días después, Burhan respondió desde Jartum con un tono desafiante. Dijo: «Mantendremos la cabeza en alto. No aceptaremos negociar, vendernos barato a nadie ni inclinarnos ante nadie». También afirmó: «No necesitamos visa para ningún país ni permiso de nadie».

El Departamento de Estado acusó tanto a las Fuerzas Armadas Sudanesas, SAF, como a las Fuerzas de Apoyo Rápido, RSF, de no haber hecho compromisos serios para una tregua inmediata. Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, dijo el 22 de septiembre de 2025 que ni las SAF ni las RSF, ni sus respectivos líderes, representan un gobierno legítimo y constitucional para Sudán, y añadió que la conducta de ambos los vuelve «inelegibles para gobernar el país».

El Departamento de Estado también sostuvo que ambas partes habían intensificado las operaciones de combate y los ataques con drones que mataron civiles. Washington dijo además que había pedido repetidamente aceptar una tregua humanitaria «sin condiciones previas» y comprometerse con un diálogo político incluyente que conduzca a un gobierno civil.

Pero un asesor de Burhan, el Dr. Amjad Farid Al-Tayyib, disputó esa versión en una entrevista ante cámaras con Fox News Digital al margen de la Asamblea General. Al-Tayyib dijo que Sudán nunca rechazó la propuesta estadounidense de alto el fuego y que, en cambio, presentó comentarios técnicos sobre ella.

La disputa diplomática deja ver algo más que una diferencia procedimental. Sudán es hoy una guerra olvidada que figura entre los peores desastres humanitarios del mundo, mientras la atención internacional sigue dividida. Conviene mirar los incentivos: cuando el acceso político, la legitimidad y la interlocución con Washington entran en juego, los incentivos de los actores armados no siempre apuntan a la paz.

También queda expuesta una realidad incómoda para la estabilidad regional. La crisis ya no es solo un conflicto interno, sino una pugna por influencia que se extiende hacia el mar Rojo. El dato importa más que el ruido. Mientras las capitales discuten visas, treguas y fórmulas de transición, la población sudanesa sigue atrapada entre dos aparatos armados que el propio Departamento de Estado describe como incapaces de ofrecer gobierno legítimo.

La lección es clara. Sin un marco de poder que premie la negociación y castigue la guerra, la diplomacia se vuelve un teatro de gestos. Y cuando eso ocurre, el costo lo paga la población, no las facciones armadas ni sus patrocinadores.

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