Un sismo de magnitud 6,6 se registró este sábado en el mar de Java, con el epicentro a unos 125 kilómetros de la costa de Yakarta, la capital de Indonesia, y a 358,6 kilómetros de profundidad, según la información del Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS.
No se ha activado la alerta de tsunami. Según los reportes preliminares, no se esperan grandes afectaciones en tierra.
Indonesia se asienta sobre el llamado Anillo de Fuego del Pacífico. Es una zona de gran actividad sísmica y volcánica. Cada año es sacudida por unos 7.000 sismos, la mayoría de magnitud moderada.
El antecedente inmediato importa. El pasado 15 de agosto, un temblor de magnitud 7,7 sacudió la costa de la isla de Flores, en el este del archipiélago indonesio. Provocó al menos 68 víctimas mortales y 213 heridos, además de miles de desplazados.
Conviene mirar los incentivos. En territorios expuestos de forma recurrente a este tipo de eventos, la resiliencia no es un lujo. Es una condición básica para proteger vidas, evitar interrupciones y reducir el costo económico de cada emergencia.
El dato importa más que el ruido. Por ahora, las autoridades no han activado una alerta de tsunami y los reportes preliminares no anticipan grandes afectaciones en tierra. Pero la frecuencia de los sismos en Indonesia recuerda que la preparación institucional y la infraestructura importan tanto como el monitoreo geológico.
La historia sugiere cautela. Frente a una realidad sísmica persistente, el margen de error es pequeño. Cuando el aparato estatal funciona, la diferencia entre un susto y una tragedia puede ser enorme. Y cuando no funciona, el precio lo pagan familias, negocios y contribuyentes.

