El estrecho de Ormuz, por donde transita una fracción decisiva del petróleo mundial, se convirtió en escenario de una nueva escalada en la madrugada del viernes al sábado. Los Guardianes de la Revolución iraníes anunciaron que dos petroleros «explotaron y se incendiaron» al intentar cruzar un campo de minas al sur del estrecho. Según el comunicado difundido por la agencia oficial IRNA vía Telegram, los buques «intentaban atravesar el campo de minas mediante engaños de las agencias de inteligencia estadounidenses». El comunicado no precisó la nacionalidad de las embarcaciones ni informó sobre víctimas.
La detonación de los petroleros se produjo pocas horas después de que el Comando Central de Estados Unidos publicara en X el anuncio de una nueva oleada de ataques contra Irán, la séptima noche consecutiva. El Comando Central precisó que los ataques «buscan seguir debilitando las capacidades militares iraníes», sin ofrecer detalles adicionales sobre los objetivos.
La agencia semioficial iraní Mehr reportó explosiones en la provincia de Bushehr y en los distritos de Sirik y Qeshm, en la provincia de Hormozgán. La agencia IRNA añadió que se escucharon cinco explosiones en la provincia de Yazd, en el centro del país. Una captura de video difundida por la cadena estatal IRINN mostró lo que la cadena describió como las consecuencias de ataques sobre dos puentes en el condado de Bandar Khamir, cerca del estrecho de Ormuz.
En respuesta, el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) informó, en un comunicado publicado en Sepah News, que sus fuerzas atacaron un depósito de embarcaciones de superficie no tripuladas de Estados Unidos en Bahréin, destruyendo «varias de ellas». El mismo comunicado afirmó que misiles y drones iraníes alcanzaron lo que el CGRI describió como «el principal centro de inteligencia artificial de Bahréin», utilizado según la organización para detectar objetivos. El CGRI también indicó que su defensa antiaérea derribó un dron AeroVironment RQ-11 sobre el distrito de Ramshir, en la provincia de Juzestán.
La secuencia de siete noches consecutivas de ataques estadounidenses, combinada con la aparición de minas en una de las vías marítimas más sensibles del planeta, configura un escenario de riesgo sostenido para el comercio global de energía. El estrecho de Ormuz no admite sustitutos logísticos inmediatos: cualquier interrupción prolongada se transmite directamente a los mercados de crudo y, por extensión, a las economías que dependen de importaciones estables.
Conviene mirar los incentivos. Teherán ha optado por escalar en el dominio marítimo y atacar infraestructura en Bahréin, lo que arrastra a un tercer país al conflicto y complica el cálculo diplomático regional. Washington, por su parte, mantiene una cadencia de ataques que señala voluntad de degradar capacidades militares iraníes sin anunciar condiciones de cese. Entre ambas lógicas, el margen para una desescalada negociada se estrecha con cada noche que pasa. El dato importa más que el ruido: son siete noches consecutivas, dos buques en llamas y un estrecho minado. La historia sugiere cautela ante cualquier pronóstico de contención rápida.

