El presidente ucraniano Volodimir Zelensky denunció el sábado que seis personas murieron y otras diez resultaron heridas en una nueva oleada de ataques rusos ocurrida entre la tarde-noche del viernes y la madrugada del sábado.
Tres de las víctimas fatales se registraron en Sloviansk, ciudad oriental de Ucrania, donde un bombardeo ruso alcanzó edificios residenciales civiles. Según Zelensky, «más de diez edificios residenciales resultaron dañados por un bombardeo ruso en Sloviansk en la tarde-noche del viernes».
Las otras tres muertes ocurrieron en Sumi, al norte del país, en un ataque con drones contra una filial de la empresa postal Nova Post. El mandatario afirmó que los militares rusos «no podían desconocer» que sus objetivos en ambas ciudades eran civiles.
Zelensky también reportó daños en un edificio residencial en Kharkov y en un mercado en Zaporiyia. «Dos misiles y casi 160 drones fueron usados por Rusia. Por ahora, se sabe que hay diez personas heridas», declaró el jefe de Estado.
La Fuerza Aérea de Ucrania precisó en Telegram que el ataque nocturno empleó dos misiles Kh-59/69 lanzados desde el aire sobre el mar Negro y 157 drones. La misma fuente indicó que las defensas antiaéreas derribaron 127 drones y un misil. Los responsables de la defensa registraron 26 impactos de drones en nueve puntos del país, además de cuatro ubicaciones donde cayeron fragmentos de aparatos derribados.
Este ataque se suma a los del propio viernes durante horas diurnas. Según Zelensky, al menos seis personas murieron en un ataque con misiles contra la región de Kiev y otras cinco perdieron la vida en Slovyansk tras bombardeos con bombas aéreas guiadas. En ese episodio, nueve personas resultaron heridas y los impactos alcanzaron infraestructura civil, el edificio del consulado y vehículos. El dueño del fabricante privado de drones First Contact, Valeri Borovik, declaró en el medio Apostrof que Rusia habría alcanzado en ese ataque una exhibición de armamento; el Consejo de Fabricantes de Armas de Ucrania confirmó que había representantes de la industria reunidos en el lugar.
La acumulación de ataques en un solo día —civiles, instalaciones postales, una posible exhibición de armamento— ilustra la lógica del desgaste que Moscú aplica sobre la retaguardia ucraniana. El dato importa más que el ruido: la proporción entre drones lanzados y drones derribados —127 de aproximadamente 157— revela que las defensas antiaéreas ucranianas mantienen una tasa de intercepción elevada, aunque el costo en munición y en infraestructura de defensa es constante.
Conviene mirar los incentivos. Cada ataque sobre correos, mercados y edificios residenciales tiene un destinatario doble: la población ucraniana, a la que se busca agotar, y los socios occidentales, a los que se envía una señal sobre el precio de sostener el esfuerzo bélico. La respuesta de esos socios —en sistemas antiaéreos, en munición, en financiamiento— seguirá siendo la variable que más pesa sobre el desarrollo del conflicto.


