El 59.º Desfile del Día de las Indias Occidentales recorrió el lunes Crown Heights, Brooklyn, con una presencia policial inédita: miles de agentes, doble fila de vallas metálicas y unidades móviles de trauma desplegadas a lo largo de la ruta. Horas antes del inicio, tres personas fueron apuñaladas y dos sufrieron cortes durante las festividades previas del J'ouvert.
Zohran Mamdani y la gobernadora Kathy Hochul participaron como «Grandes Mariscales Honorarios». Mamdani recorrió el trayecto en una carroza, lanzando besos a sus seguidores y bajándose en momentos para estrechar manos. Hochul marchó a pie sosteniendo una pancarta con su nombre, acompañada por la fiscal del Bronx Darcel Clark, la ex presidenta del Concejo Municipal Adrienne Adams y el reverendo Al Sharpton.
En un desayuno previo al desfile, Mamdani describió el evento como «la celebración no solo de la libertad, no solo de esta ciudad, sino también de la diáspora caribeña, una diáspora que ha dado tanto a este lugar que llamamos hogar». Hochul, por su parte, prometió proteger a las comunidades caribeñas de lo que denominó «la sobre-intromisión del ICE», y afirmó que la presión migratoria del gobierno Trump ha tenido «un efecto real de supresión sobre los negocios y las iglesias» del vecindario Little Caribbean.
La comisionada Tisch había advertido la semana pasada que el desfile cerraría anticipadamente para evitar la violencia habitual. Aunque no precisó el número exacto de efectivos adicionales, confirmó que superaría al del año anterior y se contaría «en miles». «Este es uno de los despliegues más grandes del año para nuestro departamento», señaló el viernes. Ocho equipos del Sistema de Gestión de Crisis de la ciudad y voluntarios comunitarios también fueron desplegados a lo largo de la ruta.
Las dobles vallas —novedad de esta edición— concentraron las quejas de los asistentes. «Mata el espíritu. No es divertido. Parece una cárcel», dijo Alex G., de 23 años. Kissanka Tara, de 40, quien lleva 26 años asistiendo al desfile, lamentó ver «menos gente, menos vendedores, menos bandas, menos disfraces». El propio Mamdani tuvo que estirarse sobre las vallas para estrechar la mano de un espectador. Varios asistentes saltaron las barreras para acercarse a la ruta. No todos coincidieron en el diagnóstico: Marcella Robinson, de 64 años, celebró que las medidas mantuvieran «a los peores alborotadores» alejados del evento.
El aspirante republicano a la gobernación Bruce Blakeman optó por no asistir al desfile de Crown Heights y marchó en cambio en el Desfile del Día del Trabajo de Broad Channel, donde prometió «apoyar a la gente trabajadora de este hermoso estado y esta hermosa ciudad».
Conviene mirar los incentivos. La ciudad enfrenta una tensión sin salida fácil: cada año la violencia en torno al J'ouvert y al desfile obliga a escalar el aparato de seguridad; cada escalada erosiona la experiencia que justifica el evento. El gasto en despliegues de «miles» de agentes recae sobre el contribuyente neoyorquino, mientras la discusión pública se consume en el debate migratorio entre Hochul y la administración federal. El dato importa más que el ruido: cinco personas resultaron heridas antes de que el desfile comenzara, y la respuesta del Estado fue más vallas, no menos violencia previa.


