El terremoto de 7,4 en la escala de Richter que sacudió a Colombia en las últimas horas encontró una respuesta temprana desde el sector empresarial, antes de que el aparato estatal terminara de calibrar la magnitud del desastre.
Mauricio Hoyos, presidente de Sencia, anunció tres medidas concretas. La primera: abrir las puertas del estadio Nemesio Camacho El Campín como centro de acopio. Desde Bogotá se distribuirán agua, ropa y medicamentos hacia el resto del país, con la Cruz Roja Colombiana como operador logístico.
La segunda medida es financiera. Los donantes pueden transferir recursos a la cuenta de ahorros Bancolombia 167-000109-63 o usar la llave Bre-B @juntosxcolombia. La fundación Solidaridad por Colombia centralizará los fondos recaudados.
La tercera iniciativa apunta a un problema que suele ignorarse en las primeras horas de una emergencia sísmica: la seguridad estructural de las viviendas. Sencia trabajará con una red de ingenieros internacionales para evaluar los daños. Según Hoyos, «vamos a abrir un correo para que la gente mande una foto de su casa, para que ingenieros especializados en temas estructurales puedan analizar los daños que tiene su vivienda y les puedan hacer recomendaciones preliminares».
Las tres acciones se activaron de forma simultánea y sin esperar convocatoria oficial, lo que marca el ritmo y el contraste con los tiempos habituales de la respuesta institucional.
Conviene mirar los incentivos. En contextos de emergencia, la velocidad de despliegue importa tanto como el volumen de recursos. El sector privado, con infraestructura propia —un estadio, plataformas de pago, redes profesionales internacionales— puede comprimir los tiempos de respuesta que la burocracia estatal raramente logra en las primeras 48 horas críticas.
El dato importa más que el ruido: mientras el debate político sobre la gestión del desastre apenas comienza, hay un estadio abierto, una cuenta activa y una red de ingenieros lista para recibir fotografías de estructuras dañadas. Eso es capital privado y organización civil funcionando como primera línea. La pregunta que Colombia deberá responder en los próximos días no es solo cuánto daño dejó el sismo, sino qué parte de la reconstrucción dependerá de la iniciativa privada y qué parte del Estado que los contribuyentes financian.



