Pedro Sánchez dijo en un conversatorio en la Harvard Kennedy School que España mantiene el respaldo a unas elecciones transparentes en Venezuela y que no reconoce los resultados electorales de Nicolás Maduro.
«Siempre defiendo las elecciones libres en Venezuela», afirmó el presidente del gobierno español, quien añadió que «el futuro de Venezuela debe ser decidido por el pueblo venezolano».
Sánchez hizo esas declaraciones tras una pregunta del estudiante de maestría Daniel Santos Ramírez, que le pidió marcar distancia del exmandatario José Luis Rodríguez Zapatero por sus vínculos chavistas. Ante esa mención, Sánchez evitó responder sobre las actuaciones judiciales.
El mandatario también resaltó que España ha concedido más de 200.000 permisos de residencia humanitaria a ciudadanos venezolanos durante su gestión. La afirmación sitúa el tema venezolano en dos planos: el diplomático, con el respaldo a unas elecciones libres, y el humanitario, con la acogida de ciudadanos que han salido del país.
Su posición sobre los comicios coincidió, según la nota, con pronunciamientos previos a favor de una transición democrática transparente.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un gobierno europeo subraya elecciones libres, pero al mismo tiempo recalca que no intervendrá en las decisiones institucionales de otro país, intenta conservar influencia sin asumir costos políticos mayores. Es una fórmula prudente, quizá inevitable, pero también limitada.
Para España, el asunto no se reduce a la política exterior. También hay una dimensión de orden interno y de gestión pública: más de 200.000 permisos de residencia humanitaria significan un compromiso administrativo sostenido con una crisis que no se ha resuelto. Ese esfuerzo beneficia a quienes buscan protección, pero también obliga a medir el costo y la capacidad del aparato estatal.
La historia sugiere cautela. Las declaraciones de apoyo a la democracia, por sí solas, rara vez cambian la realidad sobre el terreno. Lo que determina el resultado es si las capitales que dicen defender elecciones libres están dispuestas a traducir esas palabras en una presión coherente y en instituciones capaces de sostenerla.

