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Rusia prohíbe exportar combustible tras admitir escasez por ataques ucranianos a refinerías

El viceprimer ministro Alexander Novak reconoció públicamente filas en gasolineras e irregularidades en el suministro; el gobierno suspendió las exportaciones de gasolina y diésel para proteger el mercado interno.
Imagen ilustrativa
Internacionallunes 13 de julio de 2026

El viceprimer ministro ruso Alexander Novak admitió esta semana que el mercado de combustibles enfrenta «problemas y escasez», con filas visibles en estaciones de servicio y suministro irregular en varias localidades. Sus declaraciones, recogidas por la agencia TASS, constituyen uno de los reconocimientos más directos que ha hecho un funcionario de alto rango sobre el impacto de la guerra en la economía doméstica rusa.

La causa inmediata, según el propio Novak, son los ataques con drones ucranianos que han dejado varias refinerías fuera de servicio y obligado a cerrarlas temporalmente para reparaciones. La reducción de la capacidad de procesamiento nacional se tradujo de inmediato en problemas de distribución. «La escasez ha surgido por razones obvias, porque nuestras refinerías están siendo cerradas para reparaciones debido a ataques con drones», señaló el viceprimer ministro.

Como respuesta, el gobierno adoptó la prohibición temporal de exportar gasolina y diésel. «Hemos prohibido temporalmente la exportación de gasolina y diésel principalmente para cubrir las necesidades del mercado interno», explicó Novak, quien agregó que la medida busca estabilizar la situación y garantizar suministros adicionales a las regiones afectadas.

El funcionario intentó proyectar confianza sobre la capacidad estructural del sector: «Está claro que tenemos capacidad suficiente. En general, estamos totalmente abastecidos. Incluso exportamos». Sin embargo, la prioridad declarada del Ejecutivo es restaurar la operatividad plena de las refinerías y destinar la producción al consumo doméstico antes de retomar las exportaciones.

La escasez abrió también un frente interno de especulación. Novak advirtió que «en estos tiempos de escasez, suelen surgir factores especulativos, y algunos revendedores intentan aprovechar la situación para ganar dinero extra y subir los precios». Frente a ello, el viceprimer ministro llamó a la Agencia Federal Antimonopolio (FAS) y sus delegaciones regionales a reforzar la vigilancia de precios. Las compañías petroleras integradas verticalmente, según el funcionario, han mantenido sus precios alineados con la inflación.

Imágenes de Reuters muestran largas filas de vehículos en la localidad turística de Anapa, a orillas del Mar Negro, como ilustración concreta del desabasto.

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El dato importa más que el ruido. Que Moscú haya tenido que suspender exportaciones de uno de sus productos energéticos estratégicos —precisamente el recurso que financia la maquinaria de guerra— revela una vulnerabilidad que los comunicados oficiales habían minimizado durante meses. La campaña ucraniana contra infraestructura energética no solo genera titulares: altera los incentivos internos y obliga al aparato estatal a elegir entre divisas y gasolina para los ciudadanos.

La historia sugiere cautela ante los pronósticos de estabilización rápida. Restaurar refinerías dañadas requiere tiempo, materiales y cadenas de suministro que las sanciones han encarecido. Mientras tanto, el control de precios que Novak encomienda a la FAS es, en el mejor de los casos, un parche burocrático: los controles administrativos suelen profundizar el desabasto en lugar de resolverlo. El equilibrio entre mantener la economía de guerra y sostener el consumo doméstico se estrecha con cada ataque exitoso.

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