El Ejército ruso lanzó en la madrugada del 19 de julio de 2026 uno de sus mayores ataques con misiles balísticos contra Kiev. Según el presidente Volodimir Zelensky, la ofensiva incluyó «más de 40 misiles de diversos tipos —la mayoría contra la capital— y 120 drones de ataque». El saldo fue de un muerto y 16 heridos en la ciudad y su región.
Las primeras explosiones se registraron alrededor de la 01.30 hora local, mientras sonaban alarmas antiaéreas en el centro y el este del país. Una última serie de impactos ocurrió cerca de las 02.38. La Fuerza Aérea de Ucrania reportó más de 30 misiles balísticos en la ofensiva, aunque Zelensky elevó la cifra total a más de 40 proyectiles de distintos tipos.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, detalló daños en varios distritos. En Dniprovskii, fragmentos de proyectiles provocaron un incendio en un edificio de residencias estudiantiles. En Desnianskii, un impacto directo alcanzó un local comercial y se incendiaron vehículos y un almacén. En Solomianskii, las llamas afectaron la cubierta de un supermercado y un edificio residencial de nueve plantas, del que fue rescatada una persona atrapada; cuatro más fueron evacuadas de un edificio de cinco plantas. En Shevchenkivskii, escombros incendiaron parte de un edificio administrativo de tres plantas y dañaron más de una decena de vehículos estacionados.
Klitschko informó que seis heridos fueron trasladados a hospitales y otro recibió atención en el lugar; los equipos de rescate evacuaron a cinco personas de viviendas afectadas.
En perspectiva semanal, Zelensky precisó que Rusia utilizó «alrededor de 1.450 drones de ataque, más de 1.640 bombas aéreas guiadas y 99 misiles de diversos tipos» contra Ucrania durante esa semana. El mandatario subrayó que «los interceptores se necesitan todos los días» y advirtió que «los retrasos en la adopción de nuevas decisiones le dan a Moscú la oportunidad de planificar no solo nuevos ataques contra nuestra gente, sino también formas de eludir nuevas sanciones».
El intercambio de golpes no fue unilateral. El sábado previo, Ucrania lanzó drones contra almacenes de comercio electrónico en las regiones rusas de Moscú y Tambov, causando, según la fuente, ocho muertos e incendios de gran magnitud. Kiev calificó esos objetivos de instalaciones logísticas que «suministraban componentes para la producción de drones y equipos de navegación». El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó que más de 370 drones fueron lanzados hacia la región de la capital rusa durante esa noche.
Conviene mirar los incentivos. Cada semana que transcurre sin nuevas sanciones efectivas o sin entregas adicionales de sistemas antibalísticos es, en la práctica, una semana que el aparato militar ruso aprovecha para afinar su capacidad de saturar las defensas ucranianas. El dato importa más que el ruido diplomático: más de 1.640 bombas guiadas en siete días no es una campaña de presión táctica, es una estrategia de desgaste sistemático contra infraestructura civil y capacidad de respuesta. Las capitales que aún deliberan sobre el ritmo de sus compromisos cargan con parte del costo que pagan los civiles de Kiev.

