El Ejército ruso lanzó este domingo un ataque masivo contra el sistema energético de la región ucraniana de Odesa, dejando 14 heridos e interrupciones casi totales del suministro eléctrico y de agua. El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó en un comunicado «un ataque aéreo combinado contra la central termoeléctrica de Odesa y siete subestaciones eléctricas»: Usatove, Tsentropolit, Artsikh, Novoodesskaya, Mayaki, Belgorod-Dnistrovskyi y Karolino-Bugaz.
El gobernador de Odesa, Kiper, precisó que 11 de los 14 heridos fueron hospitalizados, uno de ellos en estado grave. La administración regional indicó que la mayoría de los lesionados presentaban heridas de metralla. Según el Kyiv Independent, en dos distritos de la capital regional varios edificios residenciales resultaron dañados o parcialmente destruidos, y automóviles de sus habitantes fueron afectados por el fuego.
Las Fuerzas Armadas ucranianas declararon que Rusia desplegó once misiles con «trayectoria balística» contra Odesa, junto con casi 100 drones, de los cuales el 72% fueron interceptados. La Fuerza Aérea de Ucrania advirtió del ataque momentos antes de que se escucharan explosiones en la ciudad; posteriormente se reportaron oleadas adicionales de bombardeos con misiles durante la noche.
La mayor empresa energética privada de Ucrania, DTEK, confirmó que la infraestructura energética fue atacada, lo que provocó cortes de luz en la ciudad e interrumpió el suministro de agua. «Los daños son graves y las reparaciones llevarán tiempo», publicó DTEK en Telegram, añadiendo que trabajadores del sector energético de toda la región están haciendo todo lo posible para restablecer el suministro. La empresa prevé que el agua se restablezca a lo largo de la mañana.
El presidente ucraniano, Zelensky, denunció un «ataque brutal» que además dañó el puerto de Odesa, nodo comercial de importancia estratégica para las exportaciones del país.
Conviene mirar los incentivos. El blanco elegido no es aleatorio: la infraestructura energética civil —centrales, subestaciones, redes de agua— es el vector que convierte la presión militar en sufrimiento cotidiano para la población. Atacar el invierno antes de que llegue el invierno es una táctica documentada desde 2022, y el patrón se repite con precisión quirúrgica en Odesa.
El dato importa más que el ruido. Que el 72% de los proyectiles haya sido interceptado revela tanto la capacidad defensiva ucraniana como la escala del esfuerzo ruso necesario para saturarla: casi un centenar de drones más once misiles balísticos para garantizar que algo llegue al objetivo. Cada ataque de este tipo consume recursos de defensa aérea que Ucrania no repone con la misma velocidad. La sostenibilidad de esa ecuación depende, en última instancia, de decisiones que se toman en Washington, Bruselas y otras capitales aliadas, no en el frente.

