El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, Valeri Gerasimov, anunció este sábado la captura de las localidades de Krasni Liman, Piskunovka y Mirne, en el este de Ucrania, según informó la parte rusa.
Gerasimov afirmó que las fuerzas rusas «continúan con la liberación del Donbás y Novorosiya» y que «están avanzando en todas las direcciones». Efectivos del 25.º Ejército habrían «roto» las defensas de Krasni Liman y trabajan en la eliminación de «bolsas» de resistencia de las fuerzas ucranianas, de acuerdo con la misma fuente.
En el sector sur, las tropas rusas habrían entrado en Alekseevo-Druzhkovka, declarado tomado el enclave de Piskunovka y se encontrarían ya a las puertas de Nikolaevka. El dato más significativo de la jornada, según el comunicado de Moscú, es que unidades rusas se hallan a menos de cinco kilómetros del linde oriental de Kramatorsk, una de las ciudades de mayor valor estratégico y simbólico que aún controla Kiev en el Donbás.
En la zona central, el Ministerio de Defensa ruso reportó la toma de la localidad de Mirne —denominada Lenina en la nomenclatura rusa— y aseguró que «la liberación de Shevchenko, Krasnoyarsk y Svetlie está casi completa».
En el sector occidental, Moscú afirma haber repelido un intento de las fuerzas ucranianas de cruzar el río Oskol y reporta avances en dirección a Shevchenkovo. Los combates continúan en la localidad de Podliman.
Conviene mirar los incentivos. Todos los datos anteriores provienen exclusivamente de fuentes militares rusas, que tienen un historial documentado de magnificar avances tácticos con fines de moral interna y presión negociadora. Kiev no ha confirmado ninguna de estas pérdidas al cierre de esta edición, y la verificación independiente sobre el terreno es prácticamente imposible en tiempo real.
El dato importa más que el ruido. Si los avances reportados en torno a Kramatorsk resultan verificables, la presión sobre la línea de defensa ucraniana en el Donbás alcanzaría un nivel crítico: Kramatorsk funciona como nudo logístico y administrativo central para las operaciones ucranianas en la región. Su eventual amenaza directa obligaría a Kiev a reasignar recursos en un frente que ya acumula meses de desgaste. Lo que está en juego no es solo territorio; es la capacidad del Estado ucraniano de sostener una defensa coherente mientras negocia con aliados occidentales el ritmo y las condiciones de cualquier acuerdo futuro.

