Rusia anunció este jueves nuevos avances en su invasión de Ucrania, con progresos en torno a Dobropolie, uno de los principales bastiones de las tropas ucranianas en la provincia de Donetsk, en el este.
El Ministerio de Defensa ruso dijo en un comunicado que «unidades del 51º Ejército han expandido el anillo exterior del cerco en Dobropolie», y afirmó que tomaron nuevo terreno en la zona. Kiev no se había pronunciado por ahora sobre la situación.
Dobropolie es uno de los principales objetivos de Rusia en estos momentos en Donetsk, porque le permitiría a sus tropas posicionarse de forma ventajosa para lanzar ataques contra Kramatorsk, según la propia explicación difundida por Moscú.
La cartera rusa aseguró además que sus tropas tomaron Svetlaya Dolina, en Zaporiyia, y las localidades de Buzovo y Jizhniakovo, situadas en Járkov, sin pronunciarse sobre posibles bajas en los combates.
Rusia ha anunciado durante los últimos meses avances en Ucrania, especialmente en Donetsk. Esa provincia, junto con Lugansk, ambas en la región del Donbás, ya era escenario de un conflicto desde 2014 entre separatistas prorrusos y las fuerzas gubernamentales de Ucrania.
La noticia importa más allá del mapa. Conviene mirar los incentivos: cada avance ruso eleva la presión sobre la defensa ucraniana y puede estrechar el margen de maniobra de Kiev en una guerra que castiga capital, logística y tiempo. En conflictos así, el terreno no es solo geografía; también es poder de negociación.
Para Europa y para quienes sostienen el orden internacional, el dato importa más que el ruido. Una expansión del cerco en Donetsk prolonga un conflicto que seguirá drenando recursos y alimentando incertidumbre. La pregunta de fondo no es solo quién toma una localidad más, sino cuánto está dispuesta a pagar cada parte por sostener posiciones cada vez más costosas.
