El secretario de Estado Marco Rubio acusó el miércoles a Irán de enviar vuelos directos desde Teherán a Yemen transportando elementos del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC). «Decidieron enviar vuelos directos desde Teherán a Yemen, llevando elementos del IRGC y otros al país», afirmó Rubio ante la prensa. «Y los sauditas respondieron a eso».
Rubio realizó las declaraciones al margen de la reunión anual de cancilleres de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Manila, Filipinas, donde el conflicto entre Estados Unidos e Irán y las amenazas a la navegación internacional figuraron entre las principales preocupaciones de seguridad. El propio secretario reconoció que no identificó los vuelos, no precisó cuántos efectivos del IRGC habrían sido transportados ni aportó evidencia que respalde la acusación.
En paralelo, los hutíes declararon un bloqueo contra embarcaciones vinculadas a Arabia Saudita en el estrecho de Bab el-Mandeb, amenazando con extender el conflicto y perturbar una de las rutas comerciales más críticas del planeta. Los rebeldes afirman que atacan buques conectados con Riad o que transitan hacia y desde los puertos sauditas en el Mar Rojo, en represalia por las restricciones de Arabia Saudita sobre Yemen y por un ataque reciente al aeropuerto de Saná, capital bajo control hutí.
Los hutíes responsabilizaron a Arabia Saudita por el ataque al aeropuerto, que según ellos buscaba impedir el regreso de líderes hutíes desde Irán. Rubio rechazó esa versión y reiteró que Teherán utilizó esos vuelos para introducir personal del IRGC en el país. Como respuesta, los hutíes lanzaron misiles y drones contra el Aeropuerto Internacional Abha de Arabia Saudita, en uno de los enfrentamientos más graves entre ambas partes en años.
El jefe de la diplomacia estadounidense señaló que funcionarios de Washington mantuvieron conversaciones reiteradas con sus contrapartes sauditas durante la semana pasada sobre la amenaza hutí. La escalada se produce en un momento en que la administración Trump sostiene presión militar directa sobre Irán y mantiene abierta, según declaraciones previas del propio Rubio, la posibilidad de negociaciones con Teherán.
El estrecho de Bab el-Mandeb, junto con el de Ormuz, constituye uno de los dos cuellos de botella por donde transita una porción sustancial del petróleo y el comercio marítimo global. Una obstrucción sostenida en cualquiera de los dos puntos tiene consecuencias inmediatas sobre los precios del crudo y los costos logísticos mundiales.
Conviene mirar los incentivos. Irán opera a través de sus proxies —hutíes, Hezbolá, milicias iraquíes— con un cálculo preciso: maximizar la presión sobre sus adversarios regionales y sobre Occidente sin asumir la responsabilidad directa de los actos. El transporte de personal del IRGC a Yemen, si se confirma, representa un salto cualitativo en ese esquema: ya no es solo financiamiento o armamento, sino presencia operativa. Para las economías que dependen del libre tránsito por el Mar Rojo, el costo de esta ingeniería de la inestabilidad no es abstracto; se mide en fletes, en seguros marítimos y, en última instancia, en el precio que pagan los consumidores. El dato importa más que el ruido diplomático.

