Los equipos de rescate trabajan sin pausa en el oeste de Colombia dos días después de que un sismo de magnitud 7,4 sacudiera la región. Las autoridades han señalado que la mayoría de las muertes ocurrieron en las ciudades de Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, aunque reconocen que hay menos información disponible sobre las zonas rurales.
La ciencia de los rescates es implacable. Según expertos consultados por AP, la mayoría de los sobrevivientes son hallados en las primeras 24 horas posteriores al desastre. A partir de ese umbral, las probabilidades de supervivencia disminuyen con cada día que transcurre. El geofísico Tsai, de la Universidad Brown, explicó que quienes tienen más posibilidades son los que quedan en un «espacio vacío habitable»: un bolsillo libre de escombros que evita lesiones graves mientras esperan el rescate.
El agua y el aire son los factores determinantes a medida que avanzan los días. «Se puede sobrevivir un tiempo sin comida», afirmó el médico Barbera, de la Universidad George Washington. «Se puede sobrevivir menos tiempo sin agua». Barbera también advirtió que la presencia de fuego, humo o sustancias químicas liberadas por el colapso de un edificio puede reducir drásticamente las probabilidades de supervivencia. Añadió que, en ciertos casos, los sobrevivientes deben recibir atención médica antes de ser retirados de los escombros: la acumulación de toxinas por músculos aplastados podría provocar un shock al momento del rescate.
Las temperaturas —tanto dentro como fuera de los escombros— también inciden. Un clima extremo, ya sea demasiado caluroso o demasiado frío, acorta el margen de vida. En condiciones favorables, y si las lesiones no son graves, los expertos señalan que una persona puede sobrevivir una semana o más. La historia registra casos extraordinarios: tras el terremoto y tsunami de 2011 en Japón, un adolescente y su abuela de 80 años fueron hallados con vida después de nueve días atrapados. En Haití, en 2010, una adolescente de 16 años fue rescatada tras 15 días bajo los escombros.
En Colombia, una señal de esperanza llegó desde Pereira: una mujer de 32 años fue rescatada de un edificio colapsado luego de permanecer atrapada durante 36 horas. Gobiernos de toda Latinoamérica han ofrecido ayuda a las autoridades colombianas.
Para quienes puedan quedar atrapados, los protocolos recomiendan ahorrar energía, racionar agua y comida, y usar cualquier objeto cercano para hacer ruido cuando se escuchen llamados de rescate. Si se dispone de teléfono, conservar la batería y pedir ayuda en intervalos cortos.
El dato importa más que el ruido. Lo que revelan estas horas en Colombia es la brecha entre la capacidad de respuesta del Estado y la magnitud de un evento sísmico de esta escala. La información sobre zonas rurales sigue siendo escasa, lo que sugiere que el balance final de víctimas podría ser mayor al que hoy manejan las autoridades. Conviene mirar los incentivos: los sistemas de alerta temprana, los códigos de construcción y la logística de rescate no son gastos superfluos del erario, sino la infraestructura que determina cuántas personas sobreviven las primeras 24 horas. Cada hora de demora institucional tiene un costo humano medible.



