Las autoridades sanitarias de Reino Unido notificaron al gobierno de México la detección de casos de ciclosporiasis —conocida como «diarrea explosiva»— en personas que viajaron recientemente a Quintana Roo. La Secretaría de Salud informó que el Centro Nacional de Enlace para el Reglamento Sanitario Internacional acordó con las autoridades británicas identificar los casos en viajeros con antecedente de visita a ese estado.
Como respuesta inmediata, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) y la Dirección General de Epidemiología anunciaron visitas de verificación a los establecimientos señalados. El objetivo declarado es investigar el posible origen de los casos e «reforzar las medidas de vigilancia sanitaria», según la dependencia federal.
La alerta británica se produce en un contexto de creciente preocupación regional. Desde el 24 de julio, los análisis realizados tanto por autoridades mexicanas como estadounidenses no han identificado la presencia del parásito Cyclospora cayetanensis en las muestras recolectadas. Sin embargo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos registran 11,573 casos posibles de ciclosporiasis en ese país, cifra que subraya la magnitud del brote en Norteamérica.
La controversia tiene un capítulo comercial de peso. Autoridades sanitarias estadounidenses investigan un posible vínculo entre infecciones por Cyclospora cayetanensis y cargamentos de lechuga cosechados en el centro de México, lo que generó alertas en cadenas de comida rápida y abrió una investigación epidemiológica bilateral. El sector agroalimentario mexicano respondió pidiendo prudencia: el vicepresidente de Sanidad, Inocuidad y Normalización Agroalimentaria del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), Mario Puente, llamó a «evitar especulaciones que puedan afectar al comercio mientras continúan las investigaciones».
Hasta el cierre de esta edición, las autoridades mexicanas no han confirmado evidencia de contaminación por Cyclospora cayetanensis en las muestras analizadas, aunque las verificaciones continúan derivadas de la alerta emitida por el Reino Unido.
El dato importa más que el ruido. Que México no haya encontrado el parásito en sus muestras no cierra el expediente: la alerta británica —independiente de la estadounidense— amplía el perímetro del problema y obliga a una respuesta técnica más amplia. Lo que está en juego no es solo la reputación sanitaria del destino turístico más visitado del país, sino la cadena de valor agroalimentaria que sostiene miles de empleos y divisas.
Conviene mirar los incentivos. El aparato regulatorio mexicano enfrenta la presión simultánea de proteger al consumidor extranjero, defender las exportaciones y no generar pánico en la industria turística de Quintana Roo. Esa triple exigencia raramente se resuelve con velocidad y transparencia cuando las instituciones operan bajo presión política. La solidez técnica que proclama Cofepris deberá demostrarse en los resultados de las verificaciones, no en los comunicados.



