Venezuela enfrenta uno de los mayores desafíos de reconstrucción de las últimas décadas tras los terremotos del 24 de junio. El ingeniero japonés H. Kit Miyamoto, fundador y director ejecutivo de Miyamoto International y especialista en respuesta ante desastres y reconstrucción sismorresistente, viajó al país junto a un equipo de especialistas para evaluar los daños y colaborar en las primeras fases de recuperación.
De acuerdo con un trabajo de Bloomberg recogido por El Nacional, Miyamoto recorrió La Guaira y la calificó como uno de los escenarios más complejos que ha observado en su carrera. Su diagnóstico es claro: Venezuela no puede limitarse a retirar escombros y levantar nuevas edificaciones.
Evaluar antes de demoler
El especialista subrayó que la reconstrucción debe comenzar con una evaluación detallada de los daños y de las características geológicas y estructurales de cada zona. A su juicio, no todas las estructuras afectadas deben ser derribadas: algunas pueden ser rehabilitadas mediante técnicas de reforzamiento estructural, siempre que las evaluaciones técnicas determinen que eso es viable y seguro.
También señaló como prioridad evitar que una reconstrucción apresurada reproduzca las vulnerabilidades que quedaron expuestas con los sismos. La urgencia política de mostrar resultados visibles suele ser el peor enemigo de la ingeniería seria.
El suelo importa tanto como el diseño
Miyamoto precisó que no existe una solución única para todas las zonas afectadas, dado que las condiciones del suelo pueden variar incluso entre sectores cercanos. Por ello recomendó realizar estudios geotécnicos antes de construir nuevos edificios, con el fin de determinar la capacidad del terreno, el comportamiento esperado durante un sismo y el tipo de cimientos adecuado.
Sobre La Guaira en particular, consideró que puede reconstruirse de manera segura si se utilizan diseños adecuados y se cumplen los estándares técnicos correspondientes.
El código existe; el problema es la ejecución
El punto más revelador del análisis de Miyamoto es también el más incómodo para las autoridades venezolanas. Según precisó, el código de construcción venezolano cuenta con elementos suficientes para permitir edificaciones resistentes a los terremotos. El problema surge cuando existe una brecha entre lo establecido en el diseño y lo que se ejecuta en la obra.
El experto identificó como factores determinantes la calidad del acero, el concreto, las conexiones, los refuerzos y las técnicas empleadas. Una estructura puede diseñarse para soportar sismos, pero si se utilizan materiales inadecuados o no se siguen las técnicas correctas, el resultado puede ser diferente. Por esa razón, sugirió fortalecer la supervisión de las obras y capacitar a los profesionales y trabajadores que participen en la reconstrucción.
Lo que el diagnóstico revela
Conviene mirar los incentivos. Cuando el Estado concentra la contratación de obra pública y los mecanismos de supervisión son débiles o capturados, la brecha entre diseño y ejecución que describe Miyamoto no es un accidente técnico: es el resultado predecible de un sistema sin rendición de cuentas. Las normas existen; lo que falta es el andamiaje institucional —inspectores independientes, contratos transparentes, responsabilidad civil y penal efectiva— que obligue a cumplirlas.
La historia sugiere cautela. Venezuela ha recibido antes diagnósticos técnicos solventes y recursos internacionales para reconstrucción, sin que la ejecución estuviera a la altura. El verdadero desafío no es de ingeniería, sino de gobernanza: si el aparato estatal que supervisará la obra es el mismo que permitió las condiciones de vulnerabilidad previas al sismo, los mejores estándares del mundo quedarán, una vez más, en el papel.



