El expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy respondió este martes a las críticas que generó su columna sobre la selección francesa con un nuevo artículo en El Debate, publicación propiedad de la Asociación Católica de Propagandistas. Lejos de retractarse, Rajoy acusó al Ejecutivo de Pedro Sánchez de emplear la controversia para «distraer la atención» de «otras cuestiones» que «importan a los españoles» y «están en la mente de todos».
La polémica se originó cuando Rajoy afirmó, en una columna previa, que en la selección francesa «no juegan franceses». Las palabras del exdirigente popular desencadenaron críticas desde distintos flancos del espectro político francés: desde Marine Le Pen hasta el propio Gobierno de París, que calificó el comentario de «racista» e «inaceptable».
La reacción del Ejecutivo español no tardó. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, remitió una carta a su homólogo francés para señalar que la columna de Rajoy no refleja «el sentir mayoritario de los españoles». El presidente Sánchez, por su parte, se disculpó ante las autoridades francesas durante su encuentro en París con el primer ministro Sébastien Lecornu, con motivo de la Fiesta Nacional de Francia. La ministra portavoz, Elma Saiz, reprochó públicamente a Rajoy que no hubiera pedido perdón.
Fue precisamente ese episodio el que encendió la réplica del expresidente. «Ellos no piden perdón por nada. Eso, por lo visto, siempre les toca a otros», escribió Rajoy, en alusión directa a Sánchez. El exdirigente criticó a quienes prefieren «chivarse a un ministro extranjero» o «hacer una reverencia a un primer ministro» para generar «ruido», y lamentó que se hayan dedicado «tantos esfuerzos» a glosar las virtudes de la columna en lugar de atender los asuntos que preocupan a la ciudadanía.
Rajoy agradeció también el apoyo recibido, y apeló al «buen humor» ante quienes continúan leyendo sus artículos y saludándole «por la calle», según sus propias palabras, «sobre todo ayer y hoy».
El episodio se produce en el contexto de la clasificación de España para la final del Mundial, tras vencer a Francia, lo que amplificó el alcance mediático del debate.
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Conviene mirar los incentivos. El Gobierno Sánchez eligió escalar diplomáticamente una disputa sobre una columna de opinión —disculpándose ante París, enviando cartas ministeriales— en lugar de dejar que el ruido se disipara solo. Esa decisión dice más sobre el cálculo político interno que sobre cualquier agravio real a Francia.
Lo que está en juego, en el fondo, es quién controla el relato de la identidad nacional en plena euforia deportiva. El aparato gubernamental optó por convertir a Rajoy en el villano de la semana; Rajoy, con calculada ironía, devolvió el balón al tejado del Ejecutivo. El dato importa más que el ruido: ningún hecho nuevo ha surgido de este intercambio, solo la confirmación de que, en España, la política y el fútbol comparten la misma cancha.


