Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos iniciaron este jueves su quinta noche consecutiva de ataques contra Irán. El Comando Central del Ejército estadounidense (Centcom) confirmó que las operaciones comenzaron «a las 2:00 p.m., hora del este», con el objetivo declarado de «degradar aún más las capacidades militares iraníes».
En días anteriores, el Centcom aseguró haber atacado centros de mando, sistemas de misiles y drones, e instalaciones de vigilancia orientadas a proteger el tráfico en el estrecho de Ormuz. Por esa vía transitaba, antes del inicio de las hostilidades, la quinta parte del crudo global, según la misma fuente militar.
Las autoridades iraníes reportaron este jueves el impacto de proyectiles estadounidenses contra un aeropuerto en la provincia de Semnan, en el norte del país, sin víctimas confirmadas hasta el momento. Teherán también acusó a Washington de «un crimen de guerra» por un ataque en las inmediaciones de un hospital oncológico infantil en la ciudad suroccidental de Ahvaz.
El presidente Donald Trump ordenó reanudar la ofensiva el fin de semana pasado tras dar por terminado el memorando de entendimiento firmado el 17 de junio. Ese acuerdo colapsó después de que Irán atacara buques comerciales en Ormuz. El martes, el Centcom reimpuso el cerco naval sobre puertos y embarcaciones iraníes en el estrecho, dos días después de que Teherán anunciara el cierre de esa ruta marítima como respuesta a los bombardeos.
Irán, por su parte, ha lanzado ataques de represalia contra objetivos estadounidenses en países de la región, entre ellos Baréin, Kuwait y Jordania.
Lo que está en juego
Conviene mirar los incentivos. La decisión de Trump de retomar los bombardeos tras el fracaso del memorando de junio responde a una lógica de disuasión que Washington lleva meses intentando restablecer: ningún acuerdo tiene valor si Teherán puede violar sus términos sin coste inmediato. El cerco naval sobre Ormuz es la palanca más directa disponible; su efecto sobre los precios del crudo y la cadena de suministro global será la métrica que los mercados vigilarán con mayor atención en las próximas horas.
El dato importa más que el ruido. Que la quinta parte del petróleo mundial transitara por Ormuz antes del conflicto convierte esta crisis en un asunto de economía global, no solo de geopolítica regional. Cada día adicional de operaciones eleva el riesgo de un cierre prolongado del estrecho, con consecuencias directas para consumidores y empresas en todos los continentes. La historia sugiere cautela: las escaladas en Ormuz tienden a resolverse o a desbordarse con rapidez; el margen para una salida negociada se estrecha con cada nueva ola de ataques.

