El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el 10 de agosto generó una oleada de mensajes de solidaridad internacional. Entre ellos destacó una carta personal del presidente de Rusia, Vladímir Putin, dirigida al presidente colombiano, Abelardo De La Espriella, en la que expresó sus condolencias por las víctimas y los daños materiales provocados por el sismo.
La Embajada de Rusia en Colombia dio a conocer el texto de la misiva. En ella, Putin escribió: «Reciba mis profundas condolencias en relación con las numerosas víctimas humanas y las graves destrucciones causadas por el terremoto ocurrido en las regiones occidentales de Colombia». El presidente ruso calificó las consecuencias del movimiento telúrico como graves y pidió que sus palabras fueran transmitidas a los familiares de los fallecidos.
«Le pido que transmita las palabras de sincera compasión y apoyo a los familiares y prójimos de los fallecidos», señaló Putin en el texto divulgado por la representación diplomática. La carta concluyó con los deseos de «la más pronta recuperación a todos los heridos en esta catástrofe» y fue firmada con las iniciales «V. Putin».
El epicentro del sismo se ubicó en una zona del Chocó y el movimiento fue percibido en distintas regiones del país, según la misma fuente.
De La Espriella respondió públicamente a través de su cuenta en X. «Presidente Vladímir Putin, recibo su mensaje en nombre de una Colombia que hoy enfrenta con fortaleza las consecuencias de esta dolorosa tragedia. Sus palabras para quienes perdieron a sus seres queridos y para los colombianos que hoy luchan por recuperarse son recibidas con aprecio», escribió el mandatario colombiano. Añadió que «nuestro país está unido, atendiendo la emergencia y acompañando a cada familia afectada», y cerró agradeciendo al presidente ruso «por tener a Colombia presente en este difícil momento».
El intercambio epistolar entre Moscú y Bogotá se produce en un contexto en que el gobierno de De La Espriella ha buscado proyectar una imagen de liderazgo institucional frente a la emergencia, recibiendo respaldo de distintos actores del escenario internacional.
Conviene mirar los incentivos. Para De La Espriella, cada mensaje de solidaridad que llega desde una capital extranjera —sea cual sea su signo ideológico— refuerza la narrativa de un gobierno que responde con orden y que ocupa el espacio diplomático que le corresponde. El dato importa más que el ruido: en medio de una catástrofe natural, la capacidad del Estado para coordinar la emergencia y mantener la interlocución internacional es, en sí misma, una señal de institucionalidad. Eso es exactamente lo que los mercados, los inversores y los ciudadanos necesitan ver cuando el suelo tiembla.



