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Asia y China

Purga militar en Pyongyang: Kim Jong-un cambia de ministro de Defensa en plena tensión con Washington

El régimen norcoreano relevó a No Kwang-chol y ascendió a Kim Song-gi tras el cierre de los ejercicios conjuntos entre Seúl y Washington, mientras Trump insiste en reunirse con Kim antes de fin de año.
Foto: lapatilla.com
Asia y Chinalunes 31 de agosto de 2026

Kim Jong-un destituyó el sábado a No Kwang-chol como ministro de Defensa de Corea del Norte. En su lugar nombró a Kim Song-gi, hasta entonces director de la Oficina Política General del Ejército Popular. La decisión se tomó en una reunión de la Comisión Militar Central del Partido de los Trabajadores, según informó la agencia oficial KCNA.

No fue una remoción simple. No Kwang-chol quedó degradado dentro del partido único. Fue reasignado como primer subdirector del Departamento de la Industria de Municiones, el organismo vinculado a la producción armamentística del régimen. Había sido ministro de Defensa en dos períodos: entre 2016 y 2019, y desde 2024 hasta ahora.

Kim Song-gi llega al cargo desde la cúpula del aparato político militar. La Comisión también restituyó a Pak Jong-chon, veterano estratega, como vicepresidente del organismo. Lo incorporó además al Buró Político del partido. KCNA justificó los cambios en la necesidad de «construir un Ejército fuerte», sin detallar motivaciones concretas.

En paralelo, Kim Jong-un presidió una ceremonia de condecoración a científicos y funcionarios de defensa. La agencia oficial los llamó «los más grandes patriotas y héroes» por avances en tecnología militar. Según KCNA, resolvieron «problemas científicos y tecnológicos de trascendencia histórica» en nuevos sistemas de armas de combate. No se especificó el tipo de armamento.

El centro de investigación armamentística del régimen habría desarrollado, según la misma fuente, «tecnologías exclusivas que representan un hito» en la capacidad bélica del país. Tampoco hubo precisiones técnicas. A fines de junio, Kim Jong-un ya había supervisado pruebas de un lanzacohetes múltiple de largo alcance y artillería.

La reorganización llega días después del cierre de los ejercicios conjuntos Ulchi Freedom Shield, entre Corea del Sur y Estados Unidos. Pyongyang los rechaza sistemáticamente como ensayo de invasión. Este año, Trump ordenó reducir su alcance y los calificó de «inapropiados», en referencia a su relación con Kim.

«Espero reunirme con Kim antes de que acabe el año», declaró el presidente estadounidense. La frase confirma que Washington sigue apostando al canal directo con Pyongyang, una fórmula que Trump ya ensayó en su primer mandato.

Pese a ese gesto de distensión, el régimen respondió con lanzamientos de misiles. También emitió una condena formal a los ejercicios, incluso en su versión reducida. Pyongyang repudió, además, la aprobación estadounidense de ventas de armas a Seúl y los programas para documentar violaciones de derechos humanos en el Norte.

Conviene mirar los incentivos detrás de la purga. Un régimen que concentra todo el poder en una sola familia no necesita explicar sus decisiones militares; le basta con anunciarlas. La opacidad de KCNA sobre las «nuevas armas» es, en sí misma, un dato: no hay rendición de cuentas posible en un sistema sin propiedad privada ni mercado que discipline al poder.

La historia sugiere cautela sobre los gestos de acercamiento de Trump. Cada ronda de distensión con Pyongyang ha coincidido, hasta ahora, con nuevas pruebas de misiles y reforzamiento del aparato militar norcoreano. El dato importa más que el ruido diplomático: mientras Washington reduce ejercicios por buena voluntad, el régimen premia a quienes fortalecen su capacidad de guerra. Para las democracias de mercado de Asia, la lección es la misma de siempre: la seguridad regional depende menos de las cumbres que de mantener alianzas creíbles frente a un vecino que no rinde cuentas a nadie.

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