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Asia y China

Pekín profundiza su ayuda a Nepal tras la riada que deja 1.225 muertos y despliega expertos en ADN

China envía un tercer paquete de asistencia y refuerza la cooperación meteorológica con Katmandú, mientras el balance de la catástrofe del Himalaya sigue en aumento.
Foto: infobae.com
Asia y Chinajueves 3 de septiembre de 2026

China envió este jueves una nueva tanda de ayuda de emergencia a Nepal junto con un segundo grupo de expertos en identificación por ADN, en un gesto que refuerza la presencia de Pekín en la respuesta a la devastadora riada que ha dejado más de 1.200 muertos entre el país himalayo y el vecino Tíbet.

El portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Guo Jiakun, explicó en una rueda de prensa que este tercer envío incluye tiendas de campaña, mantas, equipos para la conservación de cadáveres, ropa médica de protección y dispositivos de comunicación por satélite. Se trata de material orientado tanto al rescate inmediato como a las tareas forenses que exige la magnitud del desastre.

Guo agregó que organizaciones como la Cruz Roja de China y la Fundación China para el Desarrollo Rural, junto con asociaciones de ciudadanos chinos y empresas del país asiático presentes en Nepal, han donado material de rescate y prestado apoyo directo a las autoridades nepalíes. La combinación de canales estatales y privados sugiere una movilización coordinada más allá de la diplomacia oficial.

El portavoz señaló además que las autoridades meteorológicas y de recursos hídricos de ambos países mantienen una cooperación activa para compartir datos de vigilancia y alerta ante posibles nuevos riesgos. Según Guo, la Administración Meteorológica de China estableció contacto con su homóloga nepalí tras la catástrofe, celebró consultas por videoconferencia y comparte información en tiempo real, mientras el Ministerio de Recursos Hídricos chino continúa facilitando datos de seguimiento hidrológico, alerta temprana y previsiones.

La riada, ocurrida el pasado 26 de agosto, fue desencadenada por un enorme desprendimiento de hielo y roca en la cuenca alta del río Bhote Koshi, cerca de la frontera entre ambos países. El fenómeno arrasó viviendas, infraestructuras y asentamientos en Nepal y alcanzó el condado tibetano de Gyirong, del lado chino.

Los últimos balances oficiales disponibles sitúan en 1.225 los fallecidos y en 4.757 los desaparecidos entre Nepal y China. De ese total, 21 muertos y 541 personas sin localizar corresponden al lado tibetano, lo que confirma que la catástrofe golpeó con fuerza también el territorio bajo control de Pekín, no solo el nepalí.

Conviene mirar los incentivos detrás de este despliegue. Nepal ocupa una posición estratégica como Estado tapón entre dos potencias asiáticas, India y China, y cada gesto de asistencia humanitaria en la región himalaya tiene, además de su valor inmediato, un componente de proyección de influencia. La llamada «diplomacia de catástrofes» permite a Pekín mostrarse como socio confiable en momentos de crisis, algo que Nueva Delhi observa con atención dada la disputa histórica por la frontera y la competencia por el peso regional.

El dato importa más que el ruido: la ayuda material —tiendas, mantas, equipos forenses— responde a una necesidad real y verificable, documentada por el propio Ministerio de Exteriores chino. Pero la intensidad y visibilidad del despliegue, incluida la participación de fundaciones y empresas chinas radicadas en Nepal, encajan también con un patrón más amplio de acercamiento económico y político de Pekín hacia Katmandú, en un contexto donde la infraestructura, el comercio y la cooperación climática se han convertido en herramientas de influencia de largo plazo. La historia sugiere cautela ante cualquier lectura que reduzca este episodio a un simple acto de solidaridad regional sin dimensión geopolítica.

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