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Asia y China

Pekín invoca la «cooperación» climática para esquivar el reclamo de compensación de Nepal

El gobierno chino responde con retórica de solidaridad global a la exigencia nepalí de que los grandes emisores paguen por una riada que dejó más de 1.200 muertos y 5.750 desaparecidos.
Foto: infobae.com
Asia y Chinajueves 3 de septiembre de 2026

El Ministerio de Exteriores de China respondió este jueves a la petición de Nepal de compensaciones climáticas con un llamado a la «cooperación internacional», evitando cualquier compromiso concreto de pago.

El portavoz Guo Jiakun afirmó en rueda de prensa que el cambio climático es «un desafío global que requiere que todas las partes trabajen juntas para afrontarlo». Defendió que Pekín ha sido «un firme impulsor y un importante contribuyente» al desarrollo ecológico mundial y recordó que China se presenta como la mayor economía en desarrollo del planeta, una calificación que en los foros climáticos internacionales suele eximir de obligaciones vinculantes de financiamiento.

Guo fue más allá: sostuvo que Pekín ha promovido un sistema de gobernanza climática «justo y equitativo» y que presta asistencia a otras economías en desarrollo mediante mecanismos de cooperación, sin precisar montos ni compromisos verificables. También subrayó que «China también es una parte afectada por este desastre transfronterizo», en referencia a que la riada golpeó igualmente al Tíbet.

La reclamación nepalí llegó un día antes, cuando el Parlamento del país declaró el cambio climático una amenaza para la seguridad nacional. El primer ministro Balendra Shah dijo ante los legisladores que Nepal «no puede afrontar por sí solo la crisis climática» y anunció que su gobierno exigirá a la comunidad internacional que asuma su parte de una «responsabilidad compartida» para mitigar los efectos del fenómeno.

El trasfondo es la riada del 26 de agosto, desencadenada por un desprendimiento de hielo y roca en la cuenca alta del río Bhote Koshi, cerca de la frontera con China. El desastre ha dejado más de 1.200 muertos entre Nepal y el vecino Tíbet, y alrededor de 5.750 desaparecidos, una cifra que sitúa el episodio entre los más letales de la región en años recientes.

El dato importa más que el ruido diplomático. Nepal pide compensación a los mayores emisores; China, uno de los principales candidatos a pagarla, responde con el lenguaje de la solidaridad multilateral en lugar de ofrecer una cifra o un mecanismo verificable. Esa asimetría no es casual: mientras Pekín reclama para sí el estatus de «economía en desarrollo» —útil para evitar obligaciones vinculantes en los tratados climáticos—, es simultáneamente la segunda economía del mundo y el mayor emisor histórico reciente de gases de efecto invernadero.

Conviene mirar los incentivos. La retórica de la «responsabilidad compartida» diluye la responsabilidad individual: todos son corresponsables, nadie firma un cheque. Es el mismo patrón que se repite en cumbres climáticas globales, donde los compromisos de financiamiento rara vez se traducen en desembolsos auditables. Nepal, un país pobre y montañoso, queda expuesto a merced de la buena voluntad diplomática de sus vecinos, no de un marco de responsabilidad jurídica clara.

La tragedia humana —más de 1.200 muertos, miles de desaparecidos— es el hecho que ninguna declaración de cooperación puede maquillar. Pero el episodio expone también un problema de fondo del orden climático internacional: la ausencia de mecanismos de compensación con reglas de mercado, verificables y ejecutables, deja a los países vulnerables dependiendo de gestos políticos antes que de instrumentos financieros reales. La historia sugiere cautela ante cualquier promesa que no venga acompañada de una cifra y un calendario.

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