El gobernador adjunto de la provincia iraní de Bushehr, Ehsan Jahanian, confirmó este jueves que proyectiles alcanzaron «varios lugares» de la zona, entre ellos «el perímetro de la central nuclear, la base militar de Choghadak y un puerto pesquero en el sur de la provincia». Según los informes iniciales citados por la fuente, los impactos no causaron víctimas ni daños en las instalaciones.
Estados Unidos lleva dos días atacando posiciones iraníes luego de que Washington acusara a Teherán de haber violado el alto el fuego pactado el 17 de junio al atacar tres buques mercantes que navegaban por el estrecho de Ormuz. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que en la madrugada del miércoles las fuerzas estadounidenses bombardearon aproximadamente 90 objetivos militares iraníes, entre ellos sistemas de defensa aérea, activos de vigilancia costera, depósitos de misiles y drones, capacidades navales e infraestructura logística a lo largo del litoral iraní.
Los ataques de los últimos dos días han causado al menos 14 muertos y 78 heridos, según los datos disponibles. La Guardia Revolucionaria iraní respondió con ataques contra objetivos en las bases estadounidenses de Arifjan y Ali Al Salem en Kuwait, y las bases de Juffair y Sheikh Isa en Baréin.
Irán calificó la ofensiva de «violación clara» del acuerdo de alto el fuego. El presidente Donald Trump dio por terminada la tregua y su administración justificó los nuevos ataques como medidas para degradar la capacidad militar de Teherán y garantizar la libre navegación en Ormuz, corredor vital para el mercado global de energías fósiles.
No es dato menor que la central nuclear de Bushehr opera con participación de Rosatom, la agencia atómica rusa, que ya evacuó a su personal de las instalaciones en abril, durante episodios previos de la guerra iniciada el 28 de febrero.
Conviene mirar los incentivos. El estrecho de Ormuz no es solo una disputa geopolítica: es la arteria por la que transita una porción decisiva del petróleo mundial, y cada escalada se traduce de inmediato en presión sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre el costo de vida de millones de consumidores. La administración Trump ha enmarcado su respuesta en términos de libre navegación y disuasión, un lenguaje coherente con la doctrina de imponer costos asimétricos a quienes desafíen el orden marítimo internacional.
El dato importa más que el ruido. La proximidad de los impactos a una instalación nuclear activa —con personal ruso implicado en su gestión— eleva el umbral de riesgo sistémico por encima de lo que cualquier comunicado oficial reconoce. La historia sugiere cautela: los conflictos que rozan infraestructura nuclear raramente se contienen dentro de los límites que las partes imaginan al inicio de cada jornada de combate.

