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Oriente Medio y África

Proyectiles estadounidenses alcanzan aeropuerto en Semnan sin víctimas mortales

El Centcom confirmó ataques contra centros de mando, sistemas de misiles y drones iraníes; Teherán acusa a Washington de haber destruido el memorando de entendimiento.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricajueves 16 de julio de 2026

Las autoridades iraníes confirmaron este jueves el impacto de proyectiles contra un aeropuerto en la provincia de Semnan, situada unos 230 kilómetros al este de Teherán, en el marco de la más reciente ronda de ataques estadounidenses sobre Irán. La agencia oficial IRNA, citando a un funcionario provincial, aseguró que la operación «no ha causado ni víctimas mortales ni heridos».

Hasta el momento de publicación, Teherán no había precisado cuál de los dos aeropuertos de Semnan fue el blanco. La provincia no es un detalle menor en el mapa estratégico: alberga instalaciones de relevancia militar que han figurado en reportes sobre el programa de misiles iraní.

En paralelo, la Guardia Revolucionaria (IRGC) informó que alrededor de las 4.00 hora local —las 0.30 GMT— «se escuchó un sonido» en Pakdasht, localidad a unos 35 kilómetros de la capital. El cuerpo militar atribuyó la detonación al funcionamiento de sus propios sistemas de defensa antiaérea en la zona de Parchin y negó cualquier «incidente o impacto» en Teherán. La aclaración apuntó a calmar a una población estimada en 14 millones de personas que reside en la provincia capitalina.

El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) publicó en X que la ofensiva estuvo dirigida contra centros de mando iraníes, sistemas de misiles y drones e instalaciones de vigilancia, con el objetivo declarado de «debilitar aún más la capacidad de Irán». Washington reanudó los ataques el fin de semana pasado, tras la decisión del presidente Donald Trump de dar por terminada la tregua con Teherán. Trump declaró esta semana que no quiere negociar con Irán «por ahora».

Desde el lado iraní, el gobierno acusó a Estados Unidos de haber «hecho añicos» el memorando de entendimiento orientado a poner fin al conflicto, y vinculó esa ruptura al restablecimiento del bloqueo naval. Teherán informó, además, de la muerte de más de 30 civiles en los ataques estadounidenses de los últimos días, cifra que no ha sido confirmada de forma independiente.

La secuencia de los hechos dibuja una escalada con lógica propia: cada ronda de ataques eleva el costo político de cualquier retorno a la mesa de negociación, tanto en Washington como en Teherán. El Centcom habla de degradar capacidades; la IRGC habla de defensa activa. Ambas narrativas alimentan la presión interna de sus respectivos gobiernos para no ceder.

Conviene mirar los incentivos. Una Irán con infraestructura militar dañada y sin acceso a los mercados por el bloqueo naval enfrenta una disyuntiva de costos crecientes. La apuesta de la administración Trump parece ser que esa presión acumulada —económica y militar— produzca un cambio de cálculo en Teherán antes de que la escalada alcance un umbral difícil de revertir. El dato importa más que el ruido: hasta ahora, los ataques han evitado víctimas confirmadas en los objetivos golpeados, lo que sugiere una operación quirúrgica orientada a señalizar, no a destruir capacidad civil. Si ese patrón se mantiene, el margen para una negociación sigue abierto, aunque Trump haya dicho que no es el momento.

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