La agencia estatal iraní IRNA informó este domingo que entre 10 y 11 proyectiles impactaron la isla de Qeshm, enclave situado en el estrecho de Ormuz. El gobernador del distrito, Hossein Amir Teymouri, declaró a IRNA que «todos los objetivos eran militares» y aseguró que «no hubo víctimas».
Los impactos se produjeron en una jornada de escalada sostenida. Estados Unidos lanzó nuevos bombardeos contra territorio iraní tras responsabilizar a la República Islámica de un ataque previo contra un buque que navegaba por el estrecho. Medios oficiales iraníes reportaron explosiones en Bandar Abás, Sirik y la propia Qeshm, además de incidentes en la provincia de Juzestán, fronteriza con Irak. El régimen informó también de la muerte de un soldado en Jask y de un trabajador de telecomunicaciones en la provincia de Hormozgán.
En respuesta a los bombardeos, la Guardia Revolucionaria anunció el cierre del estrecho de Ormuz «hasta nuevo aviso y hasta el fin de las intervenciones estadounidenses en la región», según su propio comunicado. El cuerpo militar añadió que realizó disparos de advertencia contra una embarcación que, según su versión, intentó navegar por «una ruta no autorizada».
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) rechazó esa declaración y sostuvo que «Irán no controla el estrecho de Ormuz», asegurando que el tráfico marítimo continuaba con normalidad. El presidente Donald Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses habían golpeado «muy duro» a Irán y señaló que se han ejecutado alrededor de 140 bombardeos contra instalaciones iraníes.
La nueva escalada se produce semanas después de que Washington y Teherán firmaran un memorando destinado a abrir un período de negociaciones para un acuerdo permanente. El conflicto se inició el 28 de febrero tras la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
Varios países del Golfo reportaron consecuencias colaterales. Kuwait informó daños en puestos fronterizos y en una plataforma petrolera; Qatar confirmó la interceptación de misiles y reportó tres personas heridas; Jordania indicó que tres proyectiles impactaron en su territorio sin causar víctimas; Omán convocó al embajador iraní para expresar su protesta. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pidió que se «reanuden urgentemente las negociaciones», mientras el ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, instó a todas las partes hacia una «desescalada».
Conviene mirar los incentivos. El estrecho de Ormuz no es un detalle geográfico: es la arteria por la que circula una porción crítica del comercio global de petróleo y gas. Que la Guardia Revolucionaria proclame su cierre —aunque CENTCOM lo desmienta en la práctica— introduce una prima de riesgo en los mercados energéticos que ningún importador puede ignorar. Cada hora de incertidumbre sobre esa vía se traduce en costos reales para economías que no tienen parte en el conflicto.
El dato importa más que el ruido. La tensión entre un memorando de negociación firmado hace apenas semanas y los bombardeos de este domingo revela la fragilidad de cualquier marco diplomático que no esté respaldado por incentivos creíbles de ambas partes. La historia sugiere cautela: los cierres anunciados en Ormuz han sido hasta ahora declaraciones de posición, no bloqueos efectivos. Pero la acumulación de episodios —ataques a terceros países incluidos— eleva el umbral de riesgo en una región donde el margen de error es escaso.

