El Partido Revolucionario Democrático (PRD) de Panamá tiene fecha para su próximo capítulo: el 17 de enero de 2027, el Directorio Nacional se reunirá para fijar el calendario del Congreso Nacional Ordinario de ese año. Así lo determinó el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), aunque el lugar del encuentro todavía no está definido.
El objetivo del congreso es la renovación completa de la cúpula partidaria, incluyendo el propio CEN y todos los organismos directivos nacionales. La secretaria general del CEN provisional, Balbina Herrera, resumió el tono del momento con una frase de apertura: «Las puertas del PRD están abiertas para todos nuestros compañeros».
Herrera ocupa el cargo desde noviembre de 2025, cuando venció en elecciones internas a su copartidario Pedro Miguel González. Llegó al puesto tras la renuncia de Rubén De León, quien dejó el CEN junto a Crispiano Adames, Rogelio Paredes y Doris Zapata. Todos ellos se fueron en medio de la crisis desatada por la dura derrota del partido en las elecciones de 2024.
Junto a Herrera resultaron electos Raphael Buchanan como primer subsecretario; José Luis Fábrega como primer vicepresidente; Yesenka Espinoza como segunda vicepresidenta; y Arquesio Arias como sexto subsecretario. Los miembros que no renunciaron al CEN son Benicio Robinson, actual presidente; Carlos Pérez Herrera, segundo subsecretario; el diputado Raúl Pineda, tercer subsecretario; y los exdiputados Ricardo Torres y Julio Mendoza, cuarto y quinto subsecretarios respectivamente.
El Directorio de enero tendrá además una agenda técnica precisa: deberá designar al 50% de la Comisión Organizadora del congreso, determinar el número de delegados con base en la proporcionalidad de la membresía certificada por el Tribunal Electoral, y aprobar previamente las reformas a los estatutos del partido.
Conviene mirar los incentivos. El PRD llega a este proceso de renovación debilitado por una derrota electoral que provocó renuncias en cadena y una disputa interna por el liderazgo. La hoja de ruta hacia el congreso de 2027 es, en esencia, un intento de ordenar una casa que el resultado de las urnas dejó en desorden.
Para el gobierno del presidente José Raúl Mulino, un PRD fragmentado y en proceso de reconstrucción representa un escenario de oposición debilitada en el corto plazo, lo que amplía el margen de maniobra del Ejecutivo para avanzar en su agenda de inversión, estabilidad jurídica y gestión del Canal. La historia sugiere cautela: los partidos que atraviesan crisis de identidad pueden reinventarse con rapidez si encuentran un liderazgo capaz de capitalizar el descontento ciudadano. Por ahora, el PRD tiene fecha, pero no tiene aún el liderazgo ni el proyecto que le permitan convertir esa reunión en un verdadero punto de inflexión.



