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Pirlo descartado como seleccionador italiano por sus vínculos con casa de apuestas rusa

El exmediocampista confirmó que no ocupará el cargo tras días de polémica por su rol como embajador de Fonbet, empresa ligada a un oligarca ruso. Conte y Mancini emergen como alternativas.
Imagen ilustrativa
Internacionallunes 27 de julio de 2026

Andrea Pirlo no dirigirá a la selección italiana. El exmediocampista y actual entrenador del United FC Dubai confirmó el lunes en un mensaje publicado en Instagram que ya no es candidato al puesto, tras varios días de debate público centrado en su vínculo con Fonbet, la principal casa de apuestas de Rusia.

«Por respeto a las instituciones, a la Federación y a todas las personas implicadas, hasta ahora he optado por guardar silencio, pero tras enterarme ayer por la noche de que ya no soy candidato al puesto de seleccionador de la selección italiana, considero que es mi deber aclarar algunos aspectos», escribió Pirlo en la red social.

El técnico había roto el silencio durante la madrugada con una primera publicación en la que defendió que su colaboración con la empresa rusa «es exclusivamente de índole comercial y deportiva» y que surgió en el marco de su carrera en los Emiratos Árabes Unidos. «Atribuirle un significado político a esta colaboración implica atribuirme creencias que nunca he expresado y que no son mías», agregó.

Según los medios italianos, el núcleo de la controversia es que uno de los principales accionistas de Fonbet es Sergey Lomakin, un oligarca ruso que es además presidente y propietario del United FC Dubai, el club de segunda división emiratí al que Pirlo dirigió la temporada pasada, logrando el ascenso. Pirlo figura como embajador global de esa misma empresa.

El exjugador subrayó que a lo largo de su carrera «siempre ha llevado a cabo sus actividades cumpliendo estrictamente con las leyes de los países en los que ha trabajado y los contratos que ha firmado». También agradeció el respaldo de los directores técnicos Paolo Maldini y Leonardo, y cerró su mensaje con una declaración de pertenencia: «El amor por Italia no depende de un cargo. Forma parte de mi historia, de mi identidad, y seguirá acompañándome siempre».

Con Pirlo fuera del proceso, los nombres de Antonio Conte y Roberto Mancini vuelven a cobrar fuerza de cara al Consejo Federal en el que el nuevo presidente de la Federación de Fútbol italiana, Giovanni Malagó, deberá presentar un candidato.

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El episodio ilustra una tensión que excede el fútbol. En un entorno donde las sanciones y el aislamiento financiero a Rusia son política de Estado en buena parte de Occidente, la frontera entre actividad comercial legítima y exposición geopolítica se ha vuelto más estrecha. La Federación italiana, que es una institución pública, no podía ignorar el escrutinio que habría acompañado cada convocatoria, cada rueda de prensa, cada resultado adverso.

Conviene mirar los incentivos. Pirlo tiene razón en que ninguna norma le prohíbe trabajar como embajador de una empresa radicada fuera de la Unión Europea. Pero las instituciones deportivas operan también con capital reputacional, y ese capital se devalúa cuando el debate sobre el entrenador desplaza al debate sobre el equipo. El nuevo presidente de la Federación ha optado por la estabilidad antes que por la controversia. Es una decisión comprensible, aunque le cierra la puerta a uno de los mejores mediocampistas que ha dado Italia en décadas.

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