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Piraña en lago de Pensilvania: mascota exótica abandonada altera ecosistema local

Un niño de ocho años pescó un piraña de casi un kilo en Ridley Park Lake; las autoridades confirman que alguien lo liberó ilegalmente y advierten sobre los riesgos ecológicos y legales de abandonar especies exóticas.
Imagen ilustrativa
Internacionaljueves 13 de agosto de 2026

Un niño de ocho años llamado Seamus Coffey salió a pescar con su padre, Michael, en Ridley Park Lake, Pensilvania, el pasado sábado. Esperaban atrapar lubinas o bagres. Lo que sacaron del agua fue un piraña de aproximadamente 9,5 pulgadas y dos libras de peso.

«Estoy enrollando el carrete y creo que es una lubina», relató Seamus a la cadena 6ABC Philadelphia. Su padre reaccionó de inmediato: «Le dije 'despacio, puedes perderlo'. Esto parece algo que no hemos pescado antes», recordó Michael.

La Comisión de Pesca y Embarcaciones de Pensilvania confirmó posteriormente que el ejemplar correspondía a alguna especie de piraña. Los piranhas son nativos de América del Sur, no de los suburbios de Filadelfia.

Una mascota descartada, un problema público

El portavoz de la Comisión, Mike Parker, señaló la causa más probable: alguien liberó deliberadamente un animal que ya no quería mantener. Según Parker, los animales exóticos suelen parecer atractivos cuando son pequeños, pero con el tiempo su cuidado se vuelve costoso y complejo. Liberarlos en un lago cercano, sin embargo, «es probablemente lo peor que se puede hacer con un animal que ha sido mascota».

En Pensilvania, liberar especies exóticas en la naturaleza es ilegal y puede acarrear multas o cargos penales. Parker subrayó además que un pez no nativo representa un riesgo tanto para las personas como para el ecosistema local.

Michael devolvió inicialmente el pez al agua, pero luego reconsideró y lo eliminó de forma humanitaria. Parker calificó esa decisión como la correcta.

El propio Parker reconoció que este piraña probablemente no habría sobrevivido mucho tiempo fuera de su hábitat natural, en particular tras haber pasado su vida como mascota.

No es la primera vez que Pensilvania enfrenta este tipo de incidente. En julio de 2016, una mujer y su hijo pescaron un piraña de vientre rojo en North Park Lake, cerca de Pittsburgh. Ese ejemplar logró regresar al agua tras ser desenganchado. Las autoridades de entonces también sospecharon que alguien lo había liberado intencionalmente.

Los incentivos importan

Conviene mirar los incentivos. Cuando el costo de deshacerse de una mascota recae sobre el propietario —ya sea económico o logístico—, una fracción de ellos optará por la salida más fácil: el lago más cercano. El resultado es un problema de bienes comunes clásico: el individuo externaliza su costo hacia la comunidad, que luego financia la respuesta regulatoria.

La solución no pasa necesariamente por más burocracia, sino por mejores incentivos: programas de devolución accesibles, información clara sobre las consecuencias legales y, sobre todo, mayor responsabilidad individual en la decisión de adquirir animales exóticos. El libre mercado funciona cuando los precios —incluidos los costos de largo plazo de una mascota inusual— son visibles desde el principio. Cuando no lo son, el contribuyente y el ecosistema terminan pagando la cuenta.

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