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Oriente Medio y África

Pickaxe Mountain: el búnker nuclear iraní que Trump advierte atacar «muy pronto»

El presidente estadounidense señaló públicamente la instalación subterránea en la cordillera de Zagros como próximo objetivo. Expertos discrepan sobre si el arsenal disponible puede destruir su núcleo.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricajueves 23 de julio de 2026

Donald Trump advirtió públicamente que su país atacará «Pickaxe Mountain» —nombre con el que analistas occidentales identifican a Kuh-e Kolang Gaz La— «muy pronto». La declaración, formulada el martes, fue seguida horas después por una advertencia de Teherán: cualquier ataque estadounidense contra instalaciones nucleares iraníes se consideraría una expansión del conflicto en la región, según reportaron medios estatales iraníes.

El sitio se encuentra en la provincia iraní de Isfahán, a poco más de 1,5 kilómetros al sur de la planta de enriquecimiento de Natanz, ya bombardeada por Estados Unidos e Israel. «Kolang» significa «zapapico» en persa, de ahí el apodo. La montaña alcanza 1.608 metros sobre el nivel del mar y la instalación excavada en su interior se encuentra a al menos 100 metros de profundidad, según cálculos del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS). Analistas del James Martin Center for Nonproliferation Studies estiman que la parte principal del complejo podría estar a una profundidad considerablemente mayor.

La construcción comenzó en 2020. Irán notificó entonces al Organismo Internacional de Energía Atómica que se trataría de una planta para ensamblar centrifugadoras destinadas a la fabricación de combustible nuclear, en reemplazo de una planta similar destruida en Natanz. No existen planos públicos del complejo; la mayor parte de lo que se conoce proviene del análisis de imágenes satelitales, que muestran varios complejos de túneles, múltiples entradas y un amplio perímetro de seguridad resguardado por baterías antiaéreas, cercas y personal de la Guardia Revolucionaria, según reportes de la agencia AP.

Una fuente israelí con conocimiento del asunto le dijo a CNN que los servicios de inteligencia de Israel creen que Irán trasladó parte de sus reservas de uranio enriquecido al sitio tras los ataques de junio de 2025, cuando Israel golpeó las plantas de Natanz, Isfahán y Fordow, y Estados Unidos se sumó al final del conflicto. Trump calificó entonces esa operación como una «aniquilación» del programa nuclear iraní, aunque Pickaxe Mountain no fue alcanzada en esa ocasión. Consultado sobre si Irán había movido allí sus centrifugadoras más avanzadas, Trump restó importancia a los reportes israelíes. Una fuente de los servicios de seguridad en Teherán le dijo a CNN, a comienzos de julio, que las versiones sobre actividad nuclear en el sitio eran falsas. El organismo internacional de control nuclear de la ONU nunca ha tenido acceso al lugar.

El desafío técnico es considerable. La bomba GBU-57, diseñada para perforar unos 60 metros de tierra antes de detonar —y empleada en los ataques de 2025 contra otras instalaciones iraníes— quedaría por debajo de la profundidad estimada del núcleo del complejo. James Acton, del Carnegie Endowment, planteó en redes sociales que un eventual ataque probablemente solo lograría derrumbar los túneles de acceso, sin destruir el núcleo de la instalación. Una operación terrestre, añadió, resultaría igual de compleja dado el nivel de protección del sitio.

No todos los analistas comparten ese escepticismo. Andrea Stricker, del Foundation for Defense of Democracies, planteó que neutralizar Pickaxe Mountain debería ser una prioridad antes de que concluyan las operaciones militares contra Irán, junto con asegurar o eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido del país, que rondan los 450 kilogramos según la fuente. El propio informe del ISIS reconoce que la instalación depende de sistemas de ventilación, suministro eléctrico y logística que representan puntos vulnerables, aunque advierte que un ataque podría no ser suficiente si el núcleo está tan profundo como se estima.

Conviene mirar los incentivos. Irán aceleró las obras en Pickaxe Mountain precisamente después de que los ataques de junio de 2025 demostraran la vulnerabilidad de sus instalaciones en superficie. La lógica es la de siempre: enterrar más, blindar más, ganar tiempo. Para Washington, la pregunta no es solo técnica —si la munición disponible puede alcanzar el objetivo— sino estratégica: qué significa atacar una instalación cuyo propósito exacto no puede confirmarse de forma independiente y cuya destrucción parcial podría consolidar, antes que eliminar, la narrativa de resistencia que sostiene al régimen. El dato importa más que el ruido, y el dato hoy es que el organismo internacional nunca ha inspeccionado el sitio.

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