El presidente Gustavo Petro publicó en su cuenta de X una serie de acusaciones directas contra el mandatario electo Abelardo de la Espriella, responsabilizándolo públicamente del asesinato de dos personas que, según sus palabras, estarían ligadas al Pacto Histórico. La fuente consultada por este medio precisa que Petro formuló los señalamientos cuando le restaban quince días en el poder.
«Han sido asesinados dos líderes del pacto histórico, uno en el Tolima y otro en Pereira. Las amenazas hoy se cuentan por miles. Es evidente que la amenaza de Abelardo empieza a cumplirse», escribió el mandatario, según recoge Infobae Colombia. La misma fuente subraya que las declaraciones «causaron confusión», dado que las investigaciones judiciales avanzan en varias líneas y no registran, hasta el momento, una conexión directa entre las amenazas públicas de De la Espriella y los homicidios mencionados.
Uno de los casos es el de César Augusto Serna Restrepo, atacado con arma de fuego en el barrio Cuba de Pereira. La Policía Metropolitana desplegó el Bloque de Búsqueda para esclarecer el móvil, pero según fuentes policiales no existe una hipótesis concluyente: una línea apunta a un posible ajuste de cuentas, aunque tampoco se ha descartado ni probado una razón política.
En cuanto al Tolima, Petro no precisó a cuál homicidio hacía referencia. Entre los casos recientes figura el de Daniel Alfonso Jiménez González, ocurrido en Ataco, e hijo de Helio Fabio Jiménez Narváez, gerente de campaña de una aspirante a la Cámara por el Pacto Histórico. También figura el de Julián Arenas, reconocido líder político y comunitario en Chaparral, quien había sido candidato al Concejo por un partido de izquierda en las elecciones de octubre de 2023. La Fiscalía y la Policía investigan ambos casos, sin que se haya definido que los crímenes forman parte de un patrón sistemático.
El trasfondo de las acusaciones remite a una entrevista del 29 de julio de 2025 en La FM, en la que De la Espriella afirmó que su objetivo era «destripar a la izquierda», a la que calificó de «cáncer» y «plaga», definiéndose como «enemigo acérrimo» de esa corriente. Tras la controversia, el entonces candidato aclaró en distintos medios que la expresión era una metáfora para referirse a la confrontación de ideas mediante el debate democrático, no a la violencia física. Según la fuente, la frase fue usada por la campaña de Iván Cepeda para ganar adeptos.
La fuente es explícita en un punto que conviene subrayar: Petro formuló sus acusaciones «sin pruebas» y sin precisar la militancia concreta de las víctimas en el Pacto Histórico.
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Conviene mirar los incentivos. Un presidente saliente con quince días en el poder y sin respaldo institucional para sostener sus políticas tiene pocos instrumentos disponibles; la acusación pública, amplificada en redes, es uno de ellos. El problema es que instrumentalizar crímenes reales —cuyas causas las autoridades aún investigan— para vincularlos a un adversario político sin evidencia no es denuncia: es ruido que enturbia las investigaciones y eleva la temperatura política en un momento de transición.
El dato importa más que el ruido. Las autoridades no han confirmado motivación política en ninguno de los homicidios mencionados. De la Espriella llega al poder en ese contexto: heredará tanto la presión de demostrar que el orden y la seguridad son prioridades reales como la carga de ser señalado, sin pruebas, cada vez que ocurra un crimen que pueda atribuirse, por conveniencia narrativa, a su retórica de campaña. La historia sugiere cautela ante quienes confunden la denuncia con la acusación sin sustento.



