Gustavo Petro utilizó su cuenta oficial en X para atacar al presidente electo Abelardo de la Espriella tras el anuncio del nombramiento de Vivian Aisen como próxima embajadora de Israel en Colombia. El mandatario saliente afirmó, según sus propias declaraciones, que Abelardo «se convierte en cómplice de genocidas» porque, según Petro, le debe a Benjamín Netanyahu «los algoritmos con los que ganaron la presidencia, reemplazando la voluntad popular en asocio con los hermanos Bautista dueños del software privado que modificaron en los Ángeles, California».
La acusación es de Petro, no un hecho verificado por fuente independiente alguna. Conviene subrayarlo: se trata de un señalamiento del jefe de Estado saliente, sin documentación pública que lo respalde según las fuentes disponibles.
El contexto diplomático es el que manda. Las relaciones entre Colombia e Israel se encontraban suspendidas desde 2024, tras una decisión unilateral del propio Petro que generó amplias reacciones nacionales e internacionales. El nuevo gobierno de De la Espriella, que asume el 7 de agosto de 2026, ha optado por restablecer ese vínculo. El nombramiento de Aisen, con experiencia previa como embajadora en Macedonia del Norte, se produjo tras una conversación entre el canciller israelí Gideon Sa'ar y el presidente electo, según informó Diario Judío México.
La propia Aisen fijó el tono del nuevo capítulo: «Vivimos un momento muy especial en las relaciones entre nuestros dos países. Estoy convencida de que trabajaremos juntos por la prosperidad de nuestras naciones y el bienestar de nuestros pueblos». Gali Dagan, quien ejerció como embajador israelí en Colombia, felicitó a su colega y expresó confianza en que su gestión «llevará las relaciones entre nuestros países hermanos a nuevas alturas». Marcos Peckel, director de la Comunidad Judía en Colombia, también dio la bienvenida a la diplomática.
Petro, por su parte, extendió sus declaraciones hacia un plano teológico-político, afirmando que «no hay pueblo elegido de Dios, ni el pueblo de EEUU ni el pueblo de Israel», y que Netanyahu «ha cometido un crimen contra la humanidad». Son posiciones que el mandatario ha sostenido de forma consistente durante su gobierno, y que en la práctica llevaron al rompimiento diplomático cuyo costo Colombia pagó en términos de comercio e inversión bilateral.
El dato importa más que el ruido. Colombia reanuda relaciones con Israel en un momento en que la región debate su posicionamiento frente a los grandes bloques. La decisión de De la Espriella de normalizar los vínculos diplomáticos antes incluso de asumir el cargo señala una orientación clara: pragmatismo, apertura comercial y distancia del aislacionismo ideológico que caracterizó al petrismo en política exterior.
Lo que está en juego no es solo una embajada. Es el modelo de inserción internacional que Colombia elige para los próximos cuatro años: uno anclado en el libre comercio y la estabilidad jurídica para la inversión, o uno subordinado a las preferencias ideológicas del gobernante de turno. El contraste entre la retórica de salida de Petro y la agenda de llegada de De la Espriella ilustra, con precisión casi pedagógica, cuál de los dos caminos tiene más probabilidades de generar prosperidad para los colombianos.



