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Asia y China

Pekín ordena vigilancia de glaciares desde el Politburó tras la riada del Himalaya

La cúpula del Partido Comunista Chino centraliza la respuesta a un desastre que ya suma 558 muertos y casi 1.500 desaparecidos, mientras persisten dos balances distintos de víctimas entre Nepal y China.
Foto: infobae.com
Asia y Chinaviernes 28 de agosto de 2026

El Politburó del Partido Comunista Chino, presidido por el secretario general y presidente Xi Jinping, ordenó este viernes reforzar la vigilancia de los glaciares y lagos glaciares de la meseta Qinghai-Tíbet tras la riada que arrasó una zona fronteriza entre el norte de Nepal y el suroeste del Tíbet.

El órgano dirigente, segundo escalafón de poder del PCCh, reclamó "reforzar el seguimiento dinámico" de los glaciares y "mejorar la capacidad para detectar cadenas de riesgos naturales". También pidió intensificar la coordinación entre zonas situadas aguas arriba y abajo, establecer rutas de evacuación y lugares de acogida, y ampliar los medios de rescate en regiones remotas de alta montaña y áreas fronterizas.

La dirección instó además a mantener bajo vigilancia la represa natural formada tras la riada, así como la estabilidad de las montañas próximas, y a continuar la búsqueda de desaparecidos.

La riada, según investigaciones preliminares, se desencadenó por el colapso de una gran masa de hielo en un glaciar nepalí. El desastre deja por ahora al menos 558 muertos y casi 1.500 desaparecidos, de acuerdo con balances separados de Nepal y de China, dos cifras que hasta el momento no se han consolidado en un solo recuento oficial conjunto.

La meseta Qinghai-Tíbet, conocida como el "Tercer Polo", alberga una de las mayores reservas de hielo perenne del planeta. El último catálogo nacional chino de glaciares indicó que su extensión en el país se ha reducido un 26% desde la década de 1960, con retrocesos de hasta el 40% en algunas zonas del Himalaya y los Transhimalaya. Científicos chinos han advertido en años recientes de que la expansión de los lagos de la meseta, favorecida por mayores precipitaciones y el deshielo, eleva el riesgo de inundaciones en el altiplano.

Conviene mirar los incentivos detrás de la reunión del Politburó. La respuesta a la catástrofe no emana de una agencia técnica independiente ni de una coordinación transfronteriza formal, sino de una directiva emitida desde la cúspide del aparato del partido, con Xi Jinping presidiendo personalmente el debate. Es el patrón habitual de gobernanza del PCCh: centralización de la decisión, movilización vertical de recursos y, en paralelo, un manejo de la información que mantiene los balances de víctimas fragmentados entre Katmandú y Pekín en lugar de un recuento único y verificable.

Esa fragmentación no es un detalle menor. Cuando un desastre atraviesa una frontera entre una democracia como Nepal y un territorio bajo control directo de Pekín como el Tíbet, la ausencia de una cifra conjunta y auditable dice tanto sobre la magnitud humana de la tragedia como sobre los límites de la transparencia en el sistema chino. El dato importa más que el ruido, y el dato disponible —558 muertos, cerca de 1.500 desaparecidos— ya es suficiente para calibrar la escala del desastre, incluso sin que exista certeza sobre el número final.

La orden de "reforzar el seguimiento dinámico" de glaciares y lagos llega, además, después de que el propio catálogo oficial chino documentara una pérdida de hielo perenne de hasta 40% en algunas zonas del Himalaya. La vigilancia reforzada es, en ese sentido, una respuesta tardía a una tendencia que la propia ciencia estatal china venía advirtiendo. La historia sugiere cautela sobre la capacidad de un aparato burocrático, aun con recursos movilizados desde el Politburó, para anticipar riesgos naturales en terreno remoto y de difícil acceso, donde la coordinación transfronteriza —no solo la vigilancia interna— resulta decisiva para salvar vidas.

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