El Gobierno chino salió al paso este lunes de las nuevas sanciones estadounidenses contra Cuba y pidió a Washington que las levante «cuanto antes». El portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, defendió en un comunicado que la cooperación entre Pekín y La Habana es «abierta, transparente y legítima» y recomendó a Estados Unidos que deje de «verter basura una y otra vez sobre otros».
La respuesta china llegó días después de que Washington impusiera medidas contra cinco entidades estatales cubanas y ocho funcionarios de la isla. Entre los sancionados figura el ministro de las Fuerzas Armadas, Álvaro López Miera, así como los agregados militares cubanos en Rusia, Mónica Milián Gómez, y en China, Waldo Pérez Cortés. También fueron incluidos responsables de empresas vinculadas al aparato militar cubano.
La acusación de fondo es precisa: según Washington, esas entidades y funcionarios habrían facilitado la cooperación militar con adversarios de Estados Unidos y la adquisición de armamento destinado al Ejército cubano. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Cuba utiliza su aparato militar y de inteligencia para espiar a Estados Unidos y sirve de plataforma para que Rusia, China e Irán lleven a cabo operaciones contra el país.
Pekín no es ajeno a este tipo de señalamientos. En los últimos meses ya había defendido en términos similares su cooperación con Cuba frente a acusaciones estadounidenses sobre actividades de inteligencia o instalaciones militares próximas al territorio de Estados Unidos. La fórmula «legítima y transparente» se ha convertido en respuesta estándar de la Cancillería china ante cada ronda de presión de Washington.
Las sanciones se inscriben en la estrategia más amplia de la administración Trump de endurecer la presión sobre La Habana. Cuba atraviesa una crisis económica y humanitaria agravada, en parte, por el bloqueo de crudo al que está sometida.
Guo añadió que China «seguirá apoyando firmemente a Cuba en la defensa de su soberanía nacional y en su oposición a la injerencia extranjera», una declaración que, leída en clave estratégica, equivale a un respaldo explícito al régimen de La Habana frente a la presión occidental.
Conviene mirar los incentivos. Para Pekín, Cuba no es solo un socio ideológico: es una posición geográfica a noventa millas de Florida, un activo de proyección en el hemisferio occidental que ninguna potencia con ambiciones globales descartaría con facilidad. Que el portavoz chino hable de «transparencia» mientras Washington sanciona a agregados militares en Moscú y Pekín dice bastante sobre la distancia entre el lenguaje diplomático y la realidad operativa.
El dato importa más que el ruido. La inclusión de funcionarios con destinos específicos en Rusia y China en la lista de sancionados sugiere que la preocupación de Washington no es abstracta: apunta a una red de coordinación militar activa entre tres capitales que Washington considera adversarias. Para los contribuyentes y aliados de Estados Unidos en la región, la pregunta relevante no es si Pekín protestará —lo hará, con la misma fórmula de siempre— sino si las sanciones alteran de forma efectiva los incentivos de quienes operan esa red.



