El barrio Patronato, en la comuna de Recoleta, acumula décadas de historia coreana: restaurantes, supermercados, carnicerías y hasta una farmacia que exporta cosméticos y medicamentos. Ahora esa presencia tendrá un reconocimiento cartográfico. La calle Río de Janeiro, que se extiende aproximadamente 600 metros entre Antonia López de Bello y Domínica, pasará a llamarse República de Corea.
El proceso comenzó formalmente el 13 de marzo, cuando la Asociación Coreana en Chile envió una carta a la Municipalidad de Recoleta solicitando el cambio. A la petición se sumaron la embajada y los locatarios del sector. Durante las primeras semanas de julio, tanto el Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil (COSOC) como el Concejo Municipal aprobaron la propuesta.
«Es una conversación que venimos sosteniendo con ellos de manera muy protocolar», explicó el alcalde de Recoleta, Fares Jadue, quien señaló que la comunidad realizó su propio trabajo de sensibilización con los vecinos antes de presentar la solicitud formal. Según Jadue, «dentro de las próximas dos semanas ya podríamos ver el cambio de la señalética».
Harry Ha, presidente de la Asociación Coreana en Chile, subrayó la dimensión bilateral del gesto: «Chile fue el primer país de América Latina en firmar un Tratado de Libre Comercio con la República de Corea, en 2004, y ambos mantienen una alianza estratégica muy estrecha». Para Ha, el cambio de nombre no cierra un capítulo sino que abre uno: la comunidad tiene planes de transformar la calle con decoración e iluminación de estilo coreano, y de mejorar también la calle Seúl —antes llamada Asunción, rebautizada en 2022—, que con apenas 50 metros conecta con la futura República de Corea.
La ceremonia de oficialización estuvo cerca de coincidir con la visita prevista del presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, a Chile. Sin embargo, ajustes de agenda y trámites administrativos obligaron a postergar el acto, según informó La Tercera.
El proyecto urbano tiene una lógica de largo plazo. Ha lo formuló con claridad: «Queremos dejar una evidencia que perdure en el tiempo para nuestras futuras generaciones, tanto para los hijos y nietos de coreanos como para los chilenos, que puedan reconocer este fuerte lazo de amistad entre dos nacionalidades».
Conviene mirar los incentivos detrás de este tipo de iniciativas. Cuando una comunidad inmigrante lleva décadas generando actividad económica —comercio minorista, gastronomía, exportación de productos— y lo hace sin depender del aparato estatal, el reconocimiento simbólico resulta no solo legítimo sino merecido. El barrio Patronato es, en buena medida, un argumento viviente a favor de la libre empresa y la integración por la vía del mercado: negocios que prosperan, vecinos que se adaptan, relaciones bilaterales que se consolidan con tratados comerciales antes que con retórica diplomática. El dato importa más que el ruido: el primer TLC de América Latina con Corea del Sur lo firmó Chile, y esa decisión de apertura económica sigue produciendo dividendos —culturales y comerciales— veinte años después.



