El nuevo embajador de Francia ante Paraguay, Jean-Philippe Gavois, presentó este martes sus cartas credenciales al presidente Santiago Peña, informaron fuentes del Gobierno paraguayo.
Gavois, diplomático de carrera formado en los Institutos de Estudios Políticos de Estrasburgo y Aix, fue recibido por Peña en el Palacio de López, sede del Ejecutivo en Asunción, durante una ceremonia oficial. El entrante representante reemplaza a Pierre-Christian Soccoja, que concluyó en agosto su misión en Paraguay, iniciada en noviembre de 2022.
La transición diplomática llega después de un episodio que enfrió el vínculo. Soccoja fue llamado a consultas en junio de 2025 por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay, que entonces planteó la «necesidad de mantener una correcta comunicación entre ambos países» después de que la prensa local recogiera declaraciones del diplomático sobre los viajes de Peña.
Antes de llegar a Paraguay, Gavois se desempeñaba desde agosto de 2022 como primer consejero en Lima. Su trayectoria incluye funciones como consejero político en Hanói, consejero de cooperación y acción cultural en Colombo y otros cargos en organismos internacionales como las Naciones Unidas.
En paralelo, la agenda bilateral siguió activa. El 10 de septiembre, el canciller paraguayo, Rubén Ramírez, se reunió en París con su par francés, Jean-Noël Barrot, para repasar temas bilaterales e intercambiar «puntos de vista sobre la situación regional y global», según la Cancillería asuncena.
También reafirmaron el «compromiso compartido» de luchar contra el tráfico de drogas y de abordar las consecuencias sanitarias y sociales del consumo de estas sustancias. Al término del encuentro, las autoridades emitieron una declaración conjunta en la que se comprometieron a luchar contra el narcotráfico y afirmaron que la cooperación internacional «es necesaria para hacer frente a este fenómeno criminal».
Conviene mirar los incentivos. La diplomacia importa cuando traduce gestos en coordinación efectiva, y aquí el dato central es que Asunción y París intentan normalizar una relación que había quedado tensionada por una polémica pública.
Para Paraguay, el reto es mantener una comunicación exterior ordenada sin que el ruido erosione la capacidad del Estado para cooperar en asuntos sensibles. Para Francia, el interés pasa por sostener una presencia útil en una región donde la cooperación contra el narcotráfico requiere continuidad, no improvisación. En una coyuntura así, la forma también es política: cuando la interlocución falla, el costo lo pagan las instituciones y, en última instancia, la credibilidad del orden internacional.


