El 26 de julio de 2026, el Panama Convention Center acogerá el Campeonato Internacional de Cálculo Mental ALOHA, la primera vez que Panamá será sede de este torneo. Más de mil participantes provenientes de al menos 20 países se medirán en una prueba que exige resolver 70 operaciones matemáticas en un máximo de cinco minutos, sin calculadora.
Panamá presentará a más de 500 niños llegados de distintas provincias del país. Adrián Cedeño, master coach de ALOHA Panamá, describió el evento como «un hito para el país», luego de que durante años las delegaciones panameñas viajaran a competencias celebradas en Indonesia, Malasia, China, Rusia, España, México y Camboya.
El programa ALOHA acumula 30 años de historia a nivel internacional; Panamá suma una década de participación y ya cuenta con varios campeones internacionales. Entre los competidores locales destacan Kevin Powell, de 14 años, con cuatro títulos nacionales y tres internacionales; Stefano Russo, de 11 años, campeón en España y Camboya; y Sebastián Villarreal, de 12 años, quien ve en la sede local una oportunidad para «demostrar el talento panameño», según sus propias palabras.
La técnica detrás de las habilidades de estos jóvenes no es improvisación: los participantes aprenden primero a manejar un ábaco físico y, con la práctica, trasladan esa imagen a su mente. Durante las competencias mueven los dedos como si manipularan las cuentas de un ábaco invisible, lo que les permite ejecutar sumas, restas, multiplicaciones, divisiones, porcentajes, potencias y raíces cuadradas a velocidad notable. Stefano Russo, por ejemplo, dedica entre 15 y 20 minutos diarios a practicar tres fichas de ejercicios antes de cada competencia.
Cedeño subrayó que el programa va más allá del cálculo: incluye atención a la salud física y la nutrición de los estudiantes. Jayden Lou, de 9 años, practica karate y juega fútbol en sus ratos libres. Según el coach, el método fortalece la memoria, la concentración, la atención y la confianza, capacidades que los estudiantes trasladan a su vida académica y cotidiana.
Conviene mirar los incentivos que este tipo de evento genera para el país anfitrión. Panamá ha construido en los últimos años una reputación como destino de congresos y competencias internacionales; albergar un campeonato con delegaciones de al menos 20 naciones refuerza esa posición y proyecta al Panama Convention Center como infraestructura de clase mundial. El dato importa más que el ruido: no se trata solo de niños resolviendo sumas, sino de una plataforma que atrae visitantes, genera actividad económica y, sobre todo, coloca a Panamá en el mapa de la excelencia educativa global.
Para un país que apuesta por la estabilidad jurídica y la inversión como motores de desarrollo, apostar también por el capital humano desde la infancia es una señal de coherencia. Los campeones que suban al podio el 26 de julio de 2026 serán la mejor publicidad que Panamá podría desear: jóvenes disciplinados, competitivos y formados con rigor, exactamente el perfil que cualquier economía orientada al mérito necesita cultivar.



