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Panamá recupera la White List del Paris MoU y renueva su acuerdo marítimo con China

El registro de buques más grande del mundo consolida su reputación técnica e institucional en un momento clave para la competitividad del país. Dos hitos que refuerzan el modelo panameño de estabilidad jurídica y apertura comercial.
Imagen ilustrativa
Las Américassábado 25 de julio de 2026

Panamá acaba de registrar dos avances simultáneos en su posición como potencia marítima global: la reincorporación a la White List del Paris Memorandum of Understanding (Paris MoU) y el anuncio de la renovación del Acuerdo de Transporte Marítimo con la República Popular China.

El Paris MoU es uno de los sistemas de control por el Estado Rector del Puerto más rigurosos del mundo. Sus listas se construyen a partir del comportamiento estadístico de cada bandera en un período móvil de tres años, con miles de inspecciones realizadas en puertos europeos y norteamericanos. Regresar a la White List significa que la bandera panameña ha demostrado una mejora sostenida en su desempeño operativo y regulatorio ante una de las regiones con mayores estándares de fiscalización marítima.

El logro no llega en un contexto sencillo. Durante el primer semestre de 2026, los buques de bandera panameña experimentaron un incremento significativo en las detenciones realizadas en puertos chinos dentro del Tokyo MoU, con un pico extraordinario entre marzo y mayo. La fuente consigna, sin embargo, una disminución importante durante junio y julio, señal de que las medidas adoptadas comienzan a producir resultados, aunque —según la misma fuente— «resulta prematuro concluir que el problema ha sido completamente superado».

Conviene mirar los incentivos. El Paris MoU y el Tokyo MoU evalúan escenarios distintos: el primero mide el desempeño en Europa y Norteamérica con metodología estadística de tres años; el segundo refleja inspecciones en la región Asia-Pacífico, con administraciones marítimas, perfiles de flota y dinámicas operativas diferentes. Que una bandera mejore en una región mientras enfrenta mayores desafíos en otra no es contradicción, sino argumento para mantener estrategias regionales específicas.

En el plano diplomático, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que su país continuará promoviendo las relaciones con Panamá «bajo los principios de igualdad, beneficio mutuo y cooperación». Esa declaración coincide con la renovación del acuerdo marítimo bilateral, instrumento que facilita el comercio entre dos actores centrales del transporte marítimo mundial.

La Cámara Marítima de Panamá reconoció el liderazgo del Presidente de la República, así como el trabajo de la Autoridad Marítima, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Dirección General de Marina Mercante y los equipos técnicos involucrados. Panamá administra el registro de buques más grande del mundo y ocupa una posición estratégica dentro del comercio internacional.

El dato importa más que el ruido. Cada punto ganado en la reputación de la bandera panameña se traduce en valor concreto para armadores, fletadores, aseguradoras y sociedades de clasificación que eligen dónde registrar sus activos. Esa elección es, en el fondo, una decisión de libre mercado: los operadores privados votan con sus buques, y votan por la certeza jurídica y la calidad institucional.

El modelo Mulino apuesta precisamente por eso: estabilidad, apertura y gestión técnica competente como ventajas comparativas sostenibles. Los resultados de esta semana no son un punto de llegada —la propia fuente advierte que la competitividad marítima exige esfuerzo permanente— sino una confirmación de que la dirección es correcta. Para un país cuya economía descansa sobre el Canal, los puertos y la logística, mantener ese estándar no es un lujo institucional; es la base sobre la que se construye la prosperidad.

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